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NUEVA ÉPOCA NÚM. 159 MAYO 2017 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Los ecos espaciales de Juan Rulfo


Felipe Leal
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 159| Mayo 2017| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Leal, Felipe , "Los ecos espaciales de Juan Rulfo" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Mayo 2017, No. 159 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=830&art=17983&sec=Homenaje%20a%20Rulfo > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Uno de nuestros más prestigiosos arquitectos traza un fascinante recorrido con la mirada puesta en las edificaciones del sur de Jalisco, la región que sirvió de escenario a El Llano en llamas y Pedro Páramo y que, al margen de ello, ha sido también retratada en la obra de creadores como José Clemente Orozco y Juan José Arreola, al igual que Rulfo nacidos en ella.

 

—Este pueblo está lleno de ecos. Tal parece que estuvieran encerrados en el hueco de las paredes o debajo de las piedras.
Cuando caminas, sientes que te van pisando los pasos. Oyes crujidos. Risas. Unas risas ya muy viejas, como cansadas de reír. Y voces ya desgastadas por el uso. 1

Una de las múltiples resonancias de Juan Rulfo, sin lugar a dudas y desde luego la más intensa por resultar la semilla de su obra, es la región sur del estado de Jalisco, compuesta por las poblaciones de Apulco, en el distrito de Sayula —tierra que lo vio nacer hace cien años—, Tuxcacuesco, San Gabriel, Tapalpa y Zapotlán el Grande, entre otras. La región vincula a los estados de Jalisco con Colima y forma parte del paso e intercambio comercial entre Guadalajara y la ciudad de Colima. Pasos y caminos compuestos por un peculiar paisaje constituido por diversas llanuras y elevaciones de la Sierra Madre Occidental en una sección específica conocida como la Sierra del Tigre, la cual cuenta con formaciones de pequeñas lomas o cerros que asemejan figuras volcánicas, así como extensos llanos.

Ese paisaje, con sus accidentes físicos como barrancas, arroyos, ríos, cerros, llanos, caminos, senderos y montañas dejaron marca indeleble en la infancia de Rulfo; resultaron ser junto con las construcciones como templos, haciendas, puentes, arquerías, casonas y plazas, que dieron asiento a aquellos pequeños pueblos, las musas inspiradoras y el escenario ideal para ser descritas en sus narraciones. Por ello, es uno de los intensos ecos que acompañaran de forma permanente su recreación imaginativa.

En una conversación que sostuvo con Fernando Benítez, y que éste relató en un texto para el Homenaje Nacional que el inba le hizo a Rulfo en 1980, el autor de Pedro Páramo comentaba:

Nací el 16 de mayo de 1917 en Sayula, pero me llevaron luego a San Gabriel. Yo soy hijo de Juan Nepomuceno Rulfo y de María Vizcaíno. Me llamo con muchos nombres: Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno. Mis padres eran hacendados, uno tenía una hacienda en San Pedro Toxin, y otro en Apulco, que era donde pasábamos las vacaciones. Apulco está sobre una barranca y San Pedro a las orillas del río Armería. También en el cuento “El Llano en llamas” aparece ese río de mi infancia. Allí se escondían los gavilleros. Porque a mi padre lo mataron unas gavillas de bandoleros que andaban allí, por asaltarlo nada más. A nuestra hacienda de San Pedro la quemaron como cuatro veces cuando todavía vivía mi papá. A mi tío lo asesinaron, a mi abuelo lo colgaron de los dedos gordos y los perdió; era mucha la violencia y todos morían a los treinta y tres años.
En San Gabriel hice parte de la primaria y cuando la Cristiada nos vinimos a Guadalajara porque ya no había escuelas, ya no había nada; era zona de agitación y de revuelta, no se podía salir a la calle, nomás oías los balazos y entraban los cristeros a cada rato y entraban los federales a saquear y luego entraban otra vez los cristeros a saquear, en fin, no había ninguna posibilidad de estar allí y la gente empezó a salirse, a abandonar los pueblos, a abandonar la tierra.
En San Gabriel hice parte de la primaria con unas monjitas francesas josefinas que usaban unos bonetes muy largos, blancos, almidonados y manejaban el colegio del pueblo, pero a raíz de la Cristiada quitaron el colegio y entonces ya no hubo ni colegio, ni monjas, ni maldita la cosa y por eso me mandaron con mis hermanos a Guadalajara, a un orfanatorio, allí entré a tercero de primaria y allí comíamos y era una especie de prisión horrible. 2

 

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Hacienda Usmajac, Jalisco
© Archivo UNAM

 

Rulfo poseía una fina y sintética memoria visual y emocional, de ahí sus permanentes referencias a detalles relativos a los paisajes, a los espacios arquitectónicos, así como a las vivencias humanas de su agitada primera infancia transcurrida en el sur jalisciense. Con gran sutileza describe en “Luvina”, uno de los cuentos de El Llano en llamas, las características de los cerros altos del sur, en especial el que lleva el título del cuento y al que le reconoce ser el cerro más alto y pedregoso, así como mantener una fría temperatura durante el día y la noche, debido a que la tierra es empinada y se desgaja en hondas barrancas. Narra los fenómenos térmicos, los días nublados y la lluvia, así como las fantásticas visiones de los lugareños, cuando le comentaban que de aquellas barrancas suben los sueños. Describe casi fotográficamente cada situación o lugar a través de precisas palabras, aquella impronta a nivel de fotograma que le dejó el vivir una infancia tan azarosa y dramática en su tierra natal. No en vano, ya en su madurez dedicaría parte de su talento a la fotografía; resulta curioso pero lógico el que registrara casi nada o poco los sitios y lugares de su fuente literaria, mas si le dedicó tiempo a registrar arquitecturas e imágenes etnográficas de otras regiones del país como las de Hidalgo, Oaxaca, Tlaxcala, Estado de México y San Luis Potosí, entre otras. Quizá debido a que lo descrito magistralmente por su pluma sobre aquellos pueblos fuese insuperable e inviable captarlo de manera fehaciente por su cámara, ya que se trataba de ficciones basadas en diversos lugares o puntos registrados por su memoria.

Lo anterior puede constatarse en la siguiente revelación, citada también por Fernando Benítez:

El pueblo donde yo descubrí la soledad se llama Tuxcacuesco, pero puede ser Tuxcacuesco o puede ser otro. Mira, antes de escribir Pedro Páramo tenía la idea, la forma, el estilo, pero me faltaba la ubicación y quizás inconscientemente retenía el habla de esos lugares. Mi lenguaje no es un lenguaje exacto, la gente es hermética, no habla. He llegado a mi pueblo y la gente platica en las banquetas, pero si tú te acercas, se callan. Para ellos eres un extraño y hablan de las lluvias, de que ha durado mucho la sequía y no puedes participar en la conversación. Es imposible. Tal vez oí su lenguaje cuando era chico, pero después lo olvidé, y tuve que imaginar cómo era por intuición. Di con un realismo que no existe, con un hecho que nunca ocurrió y con gentes que nunca existieron. Algunos maestros norteamericanos han ido a Jalisco en busca de un paisaje, de unas gentes, de unas caras, porque las gentes de Pedro Páramo no tienen cara y sólo por sus palabras se adivina lo que fueron, y como era de esperarse, esos maestros no encontraron nada. Hablaron con mis parientes y les dijeron que yo era un mentiroso, que no conocían a nadie que tuviera esos nombres y que nada de lo que contaba había pasado en sus pueblos. Es que mis paisanos creen que los libros son historias reales pues no distinguen la ficción de la historia. Creen que la novela es una trasposición de hechos, que debe describir la región y los personajes que allí vivieron. La literatura es ficción y por lo tanto es mentira. 3

Y así como Tuxcacuesco puede ser otro, Comala, la población que se encuentra en Colima no es la Comala de Rulfo, dicen y con orgullo habitantes de San Gabriel, entre ellos Virgilio Villalvazo Blas. Basados en documentos, entrevistas con personajes y en el análisis de lugares con ciertas semejanzas, concluyen que la Comala rulfiana es San Gabriel, a partir de lo cual han realizado una serie de interrelaciones entre construcciones ubicadas en San Gabriel con algunos de los lugares citados en los cuentos de El Llano en llamas, asícomo en Pedro Páramo.

Por citar tan sólo algunos ejemplos, generalmente asocian la casa donde habitó en sus primeros años Rulfo con el pasaje relativo a la muerte de su padre en Pedro Páramo, al igual que la otrora existente Casa de Huéspedes con la supuesta casa de Eduviges Dyada. El Puente-Galápago, una de las referencias físicas de San Gabriel para cruzar el río, también es citado en un pasaje de la expiación del padre Rentería. En cuanto a la muerte de Susana San Juan, narra que ya no sonaban sólo las campanas de la Iglesia Mayor, sino que también lo hacían las de La Sangre de Cristo, un templo que forma parte de los recintos religiosos de San Gabriel. En el cuento “Es que somos muy pobres”describe un río que atraviesa el poblado y llevaba en su cauce rodando muchos troncos de árboles y raíces sin saber que fueran troncos o animales lo que arrastraba. Éstos veían detener su recorrido en un puente al que por su semejanza se le asocia con el Puente Nuevo, construido con piedra, y punto de referencia física en San Gabriel. El Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe es otra construcción histórica en San Gabriel. Se cuenta que en edificaciones anexas al santuario se encontraba el Colegio de las Madres de la Orden de las Josefinas, colegio donde Rulfo estudió los primeros años de primaria y que es mencionado en Pedro Páramo también en el pasaje de la muerte de Susana San Juan. Otro punto es el portal o la arquería en el área central, donde acostumbraban establecerse los puestos para la venta de romero, tomillo y otras especies, dispuestos sobre el suelo y protegidos tanto del Sol como de la lluvia. Se comenta que se trata de una referencia directa en la narración “De Apango han bajado los indios” y en donde la Plaza de Armas también es escenario de ciertos encuentros.

 

 

1  Juan Rulfo, Pedro Páramo, Editorial RM/Fundación Juan Rulfo, México, 2017, p. 44. [Regreso]

 

2  Fernando Benítez, Homenaje Nacional a Juan Rulfo, INBA, 1980. [Regreso]

 

3  Ídem. [Regreso]


   
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Felipe Leal

Arquitecto por la UNAM y Director de la Facultad de Arquitectura por dos períodos de 1997 a 2005, profesor universitario e invitado en las principales universidades de América Latina, Norteamérica y Europa....


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