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NUEVA ÉPOCA NÚM. 159 MAYO 2017 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Entrevista con Cristina Rivera Garza
Refracciones de Rulfo


Gabriela Riveros Elizondo
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 159| Mayo 2017| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Riveros Elizondo, Gabriela , "Entrevista con Cristina Rivera Garza. Refracciones de Rulfo" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Mayo 2017, No. 159 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=830&art=17984&sec=Homenaje%20a%20Rulfo > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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“Si algo nos enseña la lectura de Rulfo es que podemos leerlo de múltiples maneras”, asegura Cristina Rivera Garza, quien llevó al extremo su papel de lectora activa, hurgando en los archivos y recorriendo con minuciosidad los territorios que el autor exploró. En esta entrevista con Gabriela Riveros nos cuenta en detalle los motivos de su búsqueda, entre lo personal y lo político, hasta llegar al centro de los dilemas fundamentales, y aún sin resolver, del México de hoy.

 

En su libro más reciente, Había mucha neblina o humo o no sé qué, publicado en octubre de 2016 por Penguin Random House, Cristina Rivera Garza comparte una experiencia de lectura personalísima de la vida y los textos de Juan Rulfo. El libro es un conversatorio que invita al lector a compartir las “refracciones” que ella ha coleccionado a lo largo de años de trabajo, de hurgar en archivos, de recorrer los territorios y paisajes por los que el escritor jalisciense anduvo, de explorar los objetos que rondaron en torno a él, las fotografías que elaboró para la Comisión del Papaloapan, las ediciones que hizo para el Instituto Nacional Indigenista. Un Rulfo al que Cristina aborda “desde las orillas”, desde la neblina o el humo o una estela de no sé qué que aquel sigue dejando en sus lectores y en nuestro contexto actual. La famosa provocación de Ricardo Piglia, “La verdadera historia de la literatura se esconde en los reportes de trabajo de sus escritores”,1 es quizá la cuña que impulsa la aproximación a Rulfo en este libro. Aquí la escritura documental sirve para construirlo y establecer un extraordinario diálogo entre ensayos, crónicas, citas textuales, cuadernos de trabajo, voces, notas, testimonios, traducciones, transcripciones, fotografías, traducciones al mixe.

Aunque ya en 2007 en su libro Ningún reloj cuenta esto Rivera Garza publicó el cuento “El día en que murió Juan Rulfo”, lo cierto es que Rulfo, un muerto indócil, la siguió rondando. En abril de 2011 inició el blog El Rulfo mío de mí, donde se dio al ejercicio de transcribir, traducir a distintas métricas, al verso libre, a la villanela, al juego del “ahorcado” el libro Pedro Páramo. Este ejercicio de reescritura fue parte del mismo impulso que la llevó a escribir Había mucha neblina o humo o no sé qué.

 

SE LLAMA DE ESTE MODO
Y DE ESTE OTRO
Posted on April 19, 2011 by Mi Rulfo mío de mí
Notas de una lectura decembrina de Pedro Páramo
26 diciembre 2010
1.
Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre,
un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo.
Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera.
Le apreté sus manos en señal de que lo haría;
[pues] ella estaba por morirse y yo
en plan de prometerlo todo.

“No dejes de ir a visitarlo —me recomendó—.
Se llama de este modo y de este otro.
[Estoy segura de que] le dará gusto conocerte”.

[Entonces] no pude hacer otra cosa sino decirle que así lo haría,
y de tanto decírselo se lo seguí diciendo
[aun después que] a mis manos les costó trabajo
zafarse de sus manos muertas.2

 

En la presentación de tu libro Había mucha neblina o humo o no sé qué en la FIL Guadalajara 2016 mencionabas que para acercarte a Juan Rulfo te fuiste por “las orillitas”, que preferiste no andar el camino tradicional —es decir, entrevistar a familiares o discípulos—, cuidaste que tu relación con él permaneciera como algo “sagrado”. ¿Por qué esta determinación?

 

imagen
Juan Rulfo, 1970
© Rogelio Cuéllar

 

El punto de vista del libro es un ángulo oblicuo. La manera más usual, y tal vez más automática, de proceder cuando quieres saber acerca de alguien, es recurrir a las personas que suponemos que lo conocieron mejor, a las que convivieron con ese alguien. Valdría la pena preguntarnos, sin embargo, qué tan bien conocemos a aquellos con los que convivimos en el día a día. Por algo dicen tantos autores que somos, en realidad, lo que no sabemos de nosotros mismos. Somos, creo que dicen, lo que de nosotros —y de otros— se nos escapa. Si esto fuera cierto —y creo que lo es— ¿no nos convendría mejor poner una distancia cuidadosa con el conocimiento que produce la cercanía cotidiana y acercarse un poco más a los objetos o documentos donde nuestra experiencia ha dejado sus huellas? Ahí está, en una nuez, el reto del libro. El problema con ese punto de vista que privilegia la cercanía o la familiaridad en un caso como el de Rulfo, es que a partir de esa información, de esas personas cercanas o de los textos tan leídos, se ha ido formando con el paso de los años una especie de doxa rulfiana, una manera de ver a Rulfo que consideramos más verdadera porque es la más repetida. Había mucha neblina… fue un proyecto que me tomó mucho tiempo y que se fue haciendo de textos pequeños, cortos, a veces más largos, yuxtapuestos. Durante todo ese proceso nunca intervinieron ni el deseo ni la necesidad de acercarme a la familia de Rulfo o a la fundación que se ha establecido en su nombre. No es falta de respeto o desinterés, por cierto, sino parte de una metodología distinta. Y si bien esto fue más bien intuitivo al inicio, ya después, cuando supe que definitivamente sí estaba escribiendo un libro, decidí de manera consciente que ésa no era la ruta que quería tomar porque prefería la oblicuidad antes que la línea recta, y la vereda por conocer antes que el camino ya recorrido.

Creo que los que están cerca nos pueden conocer bien, pero también hay espacios que por lo mismo, por estar tan cerca, resultan abismales; es decir, hay una manera en que nos conocen los que están cerca y hay una manera en que nos conocen los que no lo están. Hay distintas distancias. Pero lo que sí tuve muy claro desde el principio fue que iba a tratar de construir una relación lo más personal posible. Por supuesto, iba a estar fincada en las lecturas y conocimientos de otros, pero también quería encontrar un ángulo en el que pudiera habitar de manera también personal en esa relación. Habitar es aquí el verbo clave.

 

 

1 Ricardo Piglia, El último lector, México, Anagrama, 2005. [Regreso]

 

2 Véase el blog Mi Rulfo mío de mí: https://mirulfomiodemi.wordpress.com/ [Regreso]


   
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Gabriela Riveros Elizondo

Nació en Monterrey, Nuevo León, el 3 de octubre de 1973. Narradora. Estudió letras españolas en el ITESM; se graduó en la maestría en humanidades en la Universidad de Monterrey; realizó posgrados en...


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