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NUEVA ÉPOCA NÚM. 159 MAYO 2017 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Me diste una dirección mal dada


Francisco Carrillo
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 159| Mayo 2017| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Carrillo, Francisco , "Me diste una dirección mal dada" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Mayo 2017, No. 159 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=830&art=17986&sec=Homenaje%20a%20Rulfo > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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La obra rulfiana —según este investigador español afincado en México— ha sido a menudo interpretada como una reconstrucción melancólica del origen, cuando lo que la distingue es antes bien su cuestionamiento a las cartografías culturales de su tiempo, la dialéctica campo-ciudad. En este ensayo Carrillo explora la insoslayable influencia de la Ciudad de México en la creación literaria del nacido en Sayula.

 

1. LA CIUDAD PRIMERO

Situémonos en las calles de la Ciudad de México de 1921, en esas noches en que Manuel Maples Arce y sus compinches estridentistas pegaban por sus muros el Actual N°1. Hoja de Vanguardia: “Cosmopoliticémonos, ya no es posible tenerse en capítulos convencionales de arte nacional. Las noticias se expenden por telégrafo; sobre los rascacielos tan vituperados por todo el mundo, hay nubes dromedarios…”. Manifiesto de una intuición especialmente aguda: sin ciudad, vendrían a decir los jóvenes poetas, no habrá literatura, ni arte, ni país. Anticipándose casi un siglo al Postmetrópolis de Edward Soja, ya los jóvenes estridentistas postulaban el lema del urbanista del Bronx: “las ciudades primero”. Y es que la ciudad viene antes que la agricultura, la escritura, la filosofía o la literatura, es decir, en ella ha germinado cada desarrollo humano. Que la ciudad es un texto y todo texto una ciudad era lo que proclamaban esos carteles del año 21.

Pero, además, el “cosmopoliticémonos” encerrará otro gesto inaugural, pues desde entonces el debate público mexicano girará sin cesar en torno a la Ciudad de México como escenario que concretaría la promesa revolucionaria de modernización y progreso. En las tres décadas que separan al Actual N°1 de Pedro Páramo (1955), y desde la capital mexicana, se sucederán las polémicas culturales entre los diversos modelos de país, normalmente divididos entre los entusiastas de las transformaciones modernas y los apologistas de la tradición. En 1925, escritores como Julio Jiménez Rueda o Francisco Monteverde denunciaban en las páginas de “El Universal Ilustrado “el afeminamiento de la literatura mexicana” (los “afeminados” eran los vanguardistas); en 1932, la “Polémica nacionalista” se saldará con todo tipo de insultos para renovadores como Alfonso Reyes o los integrantes del grupo Contemporáneos; en 1933, las “Pláticas sobre arquitectura” debaten si el funcionalismo debía asumirse como el nuevo estilo nacional, lo que trasladaba a términos espaciales las pugnas anteriores, con la diferencia de que aquí los jóvenes arquitectos dominaron las posiciones de la batalla e hicieron batirse en retirada a los defensores del academicismo. Es decir, que en el contexto cultural que rodea a Juan Rulfo no hay nada más moderno que la relectura, en clave urbana y desde la dialéctica campo-ciudad, de las bases fundacionales de la nación.

La ciudad primero: sin los profundos procesos migratorios de los que Rulfo será parte o la explosión urbana del Valle de México no hubieran sido posibles propuestas como Pedro Páramo ni la emergencia de narrativas coetáneas con una clara conciencia urbana. ¿Qué novelas inauguran el relato de la ciudad moderna en México? Las asignaciones varían, pero desde el catálogo que realizara Emir Rodríguez Monegal en 1965 se suele situar a La región más transparente (1958) en el primer puesto del ranking, algo que Carlos Fuentes confirmaría en 2011 en una entrevista con Massimo Rizzante:

 

Luego, en 1955 aparece Pedro Páramo de Juan Rulfo que, realmente, lleva a su más alta expresión el tema del cacique, de la revolución, del campo. No era posible ir más lejos de Pedro Páramo. Me di cuenta cuando tenía veinticinco años. Me preguntaba cuál era el tema que los escritores mexicanos no habían abordado todavía. La novela revolucionaria y posrevolucionaria era una larga epopeya agraria. ¡Por qué no hablar de la ciudad! La Ciudad de México con sus cinco millones de habitantes (en este momento, hay muchos más) de los que nadie había hablado. […]
Y desde el punto de vista de la forma, ¿dónde residía la novedad?
Para empezar, en la ruptura de la secuencia temporal. Clarísimamente. No podía mostrar el sentido del tiempo de México siguiendo una linealidad; un, dos tres… El ajetreo de la ciudad me imponía otro esquema: uno, veinte, quince, cuatro, tres, veinticinco…
A continuación, la pluralidad de voces que debía abarcar una ciudad donde no se oye una sola voz —histórica, social, política— sino una pluralidad de voces divergentes. 1

 

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Juan O’Gorman, Paisaje de la ciudad, 1949
© Wikicommons

 

Contradictoriamente, Fuentes cita las dos características más reconocibles del estilo rulfiano, el corte temporal y la multiplicidad de voces, como los lenguajes de una narrativa de la ciudad de la que acaba de excluir a Pedro Páramo. La vacilación de Fuentes ilustra las dificultades que siempre han rodeado a la crítica rulfiana para enfrentar la mezcla de un argumento tradicional con unas técnicas literarias de ruptura: ¿vanguardista o tradicionalista, “viril” o “afeminado”? Lo cierto es que Rulfo provoca conscientemente nuestra desorientación, pues son estas dudas las que, de acuerdo con los postulados de la vanguardia, trasladan al espacio de la recepción las tensiones que se originan en el de la representación. Es decir, que así es como el lector comienza a experimentar el shock que sufre Juan Preciado por las calles de Comala.

La decisión del escritor es arriesgada y no serán pocos quienes, tras la publicación de Pedro Páramo, duden del texto: que si carece de una mínima unidad, que si su composición es desordenada, la calidad desigual…, mientras el éxito de la novela no sucede hasta los años sesenta y se debe, en gran parte, a su descubrimiento por las figuras más rutilantes del Boom, que la reivindican como inmediata predecesora de la “nueva novela” latinoamericana. Nada más denostado por los Vargas Llosa, José Donoso o Carlos Fuentes que la literatura “provinciana”, “arquetípica” o “primitiva” que asocian a la novela regional, a la vez que promocionan una literatura cosmopolita y experimental por más que el espacio recreado se aleje de territorios metropolitanos (el caso paradigmático sería Cien años de soledad, publicada en 1967).

 

 

1  Massimo Rizzante, Diálogos de la forma perdida, México, Ai Trani/Universidad del Claustro de Sor Juana, 2016, p. 35. [Regreso]


   
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Francisco Carrillo

Nació en Madrid, España, en 1977. Escritor y profesor. Obtuvo un doctorado en Literatura Latinoamericana por la Universidad de Pensilvania (EUA). Es ensayista y profesor de literatura en la Universidad del...


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