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NUEVA ÉPOCA NÚM. 159 MAYO 2017 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 159| Mayo 2017| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Melchor, Fernanda , "El gallero" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Mayo 2017, No. 159 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=830&art=17996&sec=Nuestro%20Rulfo > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Ese animal, mi güero, el colorado medio cenizo, así como lo ve de sarasa y pachiche ganó doce peleas al hilo en las tapadas de la fiesta de la Virgen, hará cosa de cinco años. Así rabón y todo, como usted dice, aunque se ría: cuando peleaba con navaja de cuarto o a las puras patadas, gallo que no mataba lo sacaba rajado, y en la primera topada. Era bien bravo, el condenado animal; estaba como retacado de puro coraje, igual que el patrón. Los dos hacían muina y hasta los ojos se les ponían colorados cuando yo ponía al animal sobre la raya y el gritón lo cantaba como La Colorada y la gente pataleaba de risa. Pero por más que el patrón se empeñó no pudo hacer nada por quitarle aquel mote, mi güero. Hasta parecía que aquello se lo gritaban a él y no al animal, así de encorajinado se ponía. Y eso que al principio no lo quería. Ni porque era de lo más fino que tenía en la gallera. Todavía se le nota en la traza, ire, aunque ya por la edad está medio derrengado. Nomás véalo. Lo cenizo lo sacó de su madre: pura sangre española de Lebrija. Era una gallinita deste tamaño pero bien atrabiliaria, bien corajuda. El padre tenía sangre oriental, asegún. El Rey David se llamaba. Era un animal espigado y cogotudo, de caña gruesa y ojos jalados patrás. El patrón lo trajo de un viaje que hizo a Manzanillo y después de toparlo decidió que lo quería pa criar. De la primera cruza de esos dos salieron nomás tres gallos, pero los tres de buena ley, que yo recuerde. El patrón siempre despreció al colorado, porque salió gallino, aunque yo le decía que no le hacía, que no importaba, que los gallinos son igual de machos que los gallos reales, y a veces hasta más bravos a pesar de su apariencia afeminada. Mírele la boca, le decía yo al patrón, cuando venía a la gallera a ver a los animales; mírele la talla, las patotas; el otro día le puse una mona enfrente y se le echó encima con las patas por delante y la rajó toda, le dije. Pero no hubo manera de convencerlo. No lo quería ni pa pie de cría, pues, que porque decía que los gallinos son todos unos tramposos, que el que no sale juido nomás gana porque el rival lo confunde con una gallina y eso le da la ventaja. No me quiso creer que el animal era noble y aguerrido, pa nada juido, y cuando llegó la función de la Virgen quiso que nomás topáramos a los hermanos. Su predilecto era El Catrín, un gallo negro, de fina estampa y andar altivo y desafiante. No era tan alto como La Colorada, más bien ancho de hombros pero muy efectivo, poderoso, de juego rápido y cortante. El Catrín le duró al patrón sus buenas cinco peleas en las tapadas, antes de que se lo reventara un giro copetón de los Hurtado. Entonces yo volví a decirle al patrón que La Colorada estaba más que puesto pal compromiso, que nomás era cosa que él diera su viada, pero él estaba necio con que no y que no, que porque no quería que los Hurtado ni los Valera ni las demás gentes presentes se rieran de él pensando que era una polla lo que estaba echando al ruedo, igual que usted se rió cuando lo vio, mi güero, así que me dijo que amarrara al otro, al hermano, un dorado igual también medio cenizo, al que todo el mundo le decía El Chiripa, porque nomás así ganó el condenado animal ese. Era cortador, eso que ni qué, pero no tan efectivo como El Catrín, más bien medio tarugo, y su tipo de pelea era feo, deslucido. La primera vez que lo soltamos nomás vimos cómo el otro gallo se le aventó encima y el dorado quién sabe cómo dio una media maroma y le enterró el espolón en la nuca, y la gente enseguida dijo: “lo mató de chiripa”, y así se le quedó el mote hasta que dos topadas después lo mataron. Sólo entonces, y nomás porque el patrón ya estaba bien borracho y encorajinado, me dejó soltar a La Colorada, mi güero. Tres veces seguidas ganó ese animal esa noche en el palenque, y cuatro y cinco veces más en los días siguientes. Era una cosa de no creerse, verdá de Dios. El patrón andaba como loco con tanto dinero y tanta fama que cogió. Con cuarto de redonda y media de filo, con pico y espuela y a las puras patadas, lo que le pusiera: este canijo nomás daba pata por vida, y gallo que no mataba lo sacaba rajado, mi güero; les reventaba la vena en cosa de segundos. Y no porque jugara con ventaja por su apariencia, como había dicho el patrón, no; sino porque era inteligente y calculador, y le gustaba enchilar al rival primero, testerearlo pa que se diera cuenta del error que cometía al pensar que era gallina, y cuando ya lo tenía todo alebrestado, le jugaba la pelea que a él le convenía. Yo lo vi pelear a media talla, pegado al otro gallo pa no darle distancia, enyugado, metiéndosele al rival por debajo del ala pa darle luego en la cabeza, o de frente, en la mera pechuga, pero siempre enterrando la navaja hasta la botana, y jalando recio pa cortar noble y profundo. N’hombre, el patrón ya luego hasta lo besaba, verdad de Dios. Y nunca quiso prestarlo pa la cría, y mire que fueron muchos los que le ofrecieron sus buenos dineros con tal de mejorar la sangre de sus perchas. Aquí ha tenido un titipuchal de pollos, pero ninguno de sus hijos ha sacado lo que él fue, mi güero, así pasa… Y a todo esto, ¿pa qué tanta pregunta? ¿A poco le gustan los gallos? Es de que nomás lo veo que escribe y escribe en su cuadernito lo que yo le cuento, y pensé: “a lo mejor el güero de la Vizcaíno quiere ser gallero de grande”.

 

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Fernanda Melchor

Nació en Veracruz, Veracruz, en 1982. Es periodista por la Universidad Veracruzana (UV). Ha ganado diversos premios de cuento, ensayo y crónica convocados por la CNDH (Primer Certamen de Ensayo sobre...


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