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NUEVA ÉPOCA NÚM. 159 MAYO 2017 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Bartolomé de Las Casas
Tolerancia en el discurso y los actos


Luis Muñoz Oliveira
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 159| Mayo 2017| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Muñoz Oliveira, Luis , "Bartolomé de Las Casas. Tolerancia en el discurso y los actos" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Mayo 2017, No. 159 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=830&art=18003&sec=Art%C3%ADculos > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Quien tolera se indigna con lo intolerable. A diferencia de los pensadores de Europa, sumida en las guerras de la religión, Bartolomé de Las Casas propuso una tolerancia más radical que la “tolerancia del miedo”.

 

El asunto de la tolerancia me ha apasionado durante años, escribí un libro al respecto y algunos artículos académicos. La tolerancia es una forma de comportamiento de los ciudadanos que resulta fundamental para que las democracias puedan sostenerse frente a los discursos fundamentalistas, ante las conductas lacerantes. Generalmente se dice que la tolerancia nació en la Europa enfrentada a las guerras de religión; hablaré de esa tolerancia, pero más tarde mostraré cómo Bartolomé de Las Casas, en ese mismo siglo XVI, defendió con discursos y conductas una tolerancia más virtuosa que la de Montaigne y posteriormente Locke.

 

LA TOLERANCIA DEL MIEDO 1

Los siglos XVI y XVII fueron especialmente sangrientos en Europa (también en América). Esto, sobre todo, debido a las guerras entre protestantes y católicos: recordemos la guerra de Escalmada, la matanza de San Bartolomé o la Guerra de los 30 años. Motivados por esta barbarie, los europeos dieron nacimiento a lo que la politóloga Judith Shklar llama “la tolerancia del miedo”,que implica aguantar a los que creen distinto y nada tiene que ver con tolerar el miedo: nace por miedo al otro. Varios pensadores y también gobernantes europeos entendieron que una actitud así era la mejor estrategia para evitar el daño que generaban las matanzas y las guerras derivadas de las diferencias religiosas. Montaigne, por ejemplo, escribió en su ensayo “La libertad de conciencia”quesi el rey decidiera tolerar distintos credos, bien podrían agudizarse las diferencias civiles y sembrarse la división entre los ciudadanos. Sin embargo, permitirlo también podría ablandar las ideas y aflojar la pasión con la que éstas se defienden, gracias a la libertad de la que gozarían los súbditos. Esta tolerancia de la que habla Montaigne es mera transigencia legal, es decir, un acto jurídico, una orden de quien gobierna: la impone, no la enseña a las personas. Sin embargo, si tomamos en cuenta que entonces era común que la religión del monarca fuera la única aceptada en su reino, entenderemos cómo el hecho de emitir un decreto que permitía la libertad de culto a los hugonotes (no a los judíos ni a los musulmanes), como hizo Enrique IV en 1598, cuando publicó el Edicto de Nantes, resultó ser un paso importante para hacer germinar la tolerancia como virtud pública y también ayudó al encumbramiento del secularismo.

Casi cien años después, en 1689, John Locke sostuvo en su famosa “Epístola de tolerancia” que es necesario distinguir la esfera civil de la religiosa y establecer los límites que hay entre ellas (esto ya es liberalismo), pues es la única forma para que terminen las controversias entre los que dicen tener una preocupación por las almas de las personas y quienes dicen preocuparse por el bien común. Y es que para que puedan coexistir los diversos puntos de vista que sostienen las personas, es indispensable que el Estado garantice la libertad de creencia de los individuos y se separe claramente de cualquier religión. Que sea, pues, un Estado no sólo tolerante sino incluso agnóstico. Y es que donde el Estado es defensor de una religión, aunque sea tolerante, siempre se corre el riesgo de que se dé marcha atrás a la transigencia legal. Así sucedió con el Edicto de Nantes del que ya hablamos. En 1685, Luis XIV lo revocó mediante el Edicto de Fontainebleau. En dicho decreto, el Rey Sol prohibió de nueva cuenta la libertad de culto, por lo que en Francia otra vez fue ilegal cualquier práctica religiosa, salvo la del catolicismo.

El origen etimológico de “tolerancia” es el término latino tollere, que significa “soportar”. Si quisiéramos describir la norma que rige la tolerancia del miedo, sería la siguiente: “soporta al otro para evitar la violencia”. Sin duda, esta regla de una tolerancia primitiva es la culpable de que se acuse a la virtud de ser tolerante de paternalismo y de superioridad moral hipócrita, como hace el filántropo Rajiv Malhotra en una entrada que se publicó en el Huffington Post en 2010: “Está de moda en las discusiones interreligiosas abogar por la tolerancia hacia otros credos. Pero nosotros encontramos que esto es condescendiente, incluso francamente insultante [...] Toleramos a aquellos que consideramos inferiores”. 2

 

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Ilustración de Théodore de Bry para el libro Brevísima relación de la destrucción de las Indias de Bartolomé de las Casas, siglo XVI
© Wikicommons

 

Sin embargo, pese a ser acusada de hipócrita, la tolerancia del miedo también es reconocida como consustancial al liberalismo político, tanto así que Judith Shklar llama al primer liberalismo, liberalismo del miedo: tolerancia y liberalismo tienen la convicción de que un mundo intolerante resulta terrible para que las personas puedan llevar a cabo los planes de vida que sueñan, para escribir su propio relato (Rorty dixit). Tanto Shklar como Rorty señalan que la crueldad es lo peor que pueden hacer los seres humanos. Es más, Rorty toma una frase de Shklar y nos dice que para él una persona liberal es aquella que considera que un acto cruel es lo peor que puede hacer, y por ello se preocupa por los actos que humillan a los otros, como no permitirles honrar sus creencias. Cuando Rorty afirma que los liberales deben evitar la crueldad, está pensando en que no deben dañar al otro, en que no deben impedir que las personas construyan su relato propio.

No nos puede quedar duda de que hay varias formas en las que podemos decir que toleramos 3: la tolerancia del miedo es tolerancia que soporta, es simplemente aguantar al otro, incluso de manera condescendiente o tapándonos la nariz con asco. En la Europa dividida por las guerras de religión se utilizó como estrategia de paz. Sin duda, esta forma de tolerar es a la que se refiere Rajiv Malhotra. Y es desde la que evolucionó el Estado liberal como lo conocemos, esa tolerancia ensanchó el mundo cristiano y permitió que en los siglos XVI y XVII convivieran los protestantes con los católicos.

También existe, y sólo la apunto, lo que Arturo Arteta llama “falsa tolerancia”, que no es otra cosa que indiferencia. Es la actitud, relativista al extremo, que sostiene que todas las ideas, y quizá también todas las conductas, son aceptables: “lo que se revela al fondo de esta engañosa tolerancia es un desprecio inocultable hacia las ideas en general. Si se confiesa que todas valen por igual, tanto las toleradas como las de quien tolera, entonces se viene a consagrar el principio de que ninguna vale nada” 4. Los indiferentes rehúyen el debate, desprecian las ideas y las conductas de los otros, carecen de indignación, son absolutamente relativistas.

Pero hay una tercera forma de tolerancia, que es una forma virtuosa de conducirse e implica aceptar conductas e ideas que no tenemos razones para rechazar y que sin embargo creemos equivocadas o incluso molestas. No tiene sentido decir que toleramos aquello con lo que estamos de acuerdo. Toleramos lo que nos molesta o incomoda, pero con lo que mantenemos un “disenso racional persistente” (Habermas), es decir, un desacuerdo que no podemos solucionar con razones: al pedófilo tenemos muy buenas razones para no tolerarlo. En cambio, hay muy buenas razones para que toleremos la diversidad sexual entre adultos que dan su consentimiento. 

 

 

1  Este tema lo traté en La fragilidad del campamento, un ensayo sobre el papel de la tolerancia, Almadía, México, 2013. [Regreso]

 

2  Rajiv Malhotra, “Tolerance isn’t good enough: the Need for Mutual Respect In Interfaith Relations” en The Huffington Post, 12 de septiembre de 2010. [Regreso]

 

3  Hablo de esto con más detalle en Luis Muñoz Oliveira, “Tole­rancia como consecuencia del respeto” en Adalberto Santana (coor­dinador), Diálogo Intercultural Latinoamericano, CIALC, México, 2014, pp. 289-303. [Regreso]

 

4  Aurelio Arteta, “La tolerancia como barbarie” en Manuel Cruz (compilador), Tolerancia o barbarie, Gedisa, Barcelona, 1998, p. 56. [Regreso]


   
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Luis Muñoz Oliveira

Nació en la Ciudad de México. Es doctor en Filosofía, escritor y periodista. Imparte clases de Ética en la Facultad de Filosofía de la UNAM y en la Universidad Iberoamericana. Su primera novela, Bloody Mary,...


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