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NUEVA ÉPOCA NÚM. 159 MAYO 2017 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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A la memoria de Sergio González Rodríguez


Mauricio Molina
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 159| Mayo 2017| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Molina, Mauricio , "A la memoria de Sergio González Rodríguez" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Mayo 2017, No. 159 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=830&art=18005&sec=Art%C3%ADculos > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Poco antes del cierre de esta edición perdimos a un escritor y periodista todo-terreno que supo alzar la voz y crear conciencia en torno a numerosas atrocidades de la realidad mexicana. Pero más que eso, perdimos una presencia entrañable. Mauricio Molina se despide aquí de nuestro querido Sergio, asiduo colaborador de estas páginas.

 

La ausencia es terrible. El dolor que provoca la ausencia de una persona a la que hemos querido, con la que hemos compartido charlas, complicidades o lecturas, es a veces insoportable. El asombro frente al hecho de que ya no vamos a conversar con un amigo porque ha muerto inunda los días, daña el tiempo, nos somete a una abrumadora soledad. Esto es al menos lo que yo he sentido desde la muerte de Sergio González Rodríguez, un amigo con el que tuve grandes conversaciones, a quien leí con admiración y cuya generosidad lo llevó a leerme y comentar mis libros.

Lo conocí hace más años de los que quisiera recordar durante la presentación de mi libro de ensayos Años luz en la uam. Después de la presentación se inició nuestra amistad. Un tiempo después, Sergio y Christopher Domínguez Michael presentaron mi libro de cuentos Mantis religiosa en la Casa Lamm. Ahí Sergio me invitó, a propósito de un texto titulado “Para llegar al Barrio Chino”, a dar un paseo alucinante unos días después por el Centro de la ciudad. Pasamos de restaurantes a cantinas, y luego a otros antros. Fue un descenso al fondo de la ciudad, que Sergio conocía a la perfección y que había retratado en su espléndido libro Los bajos fondos. Podría contar muchas anécdotas más; basten las que he mencionado para recordar nuestra amistad cómplice.

La muerte de Sergio González Rodríguez, ocurrida en días recientes, deja a la literatura y al periodismo mexicano sin una de sus figuras más relevantes. Libros como El robo del siglo, Huesos en el desierto, El hombre sin cabeza, son fundamentales para comprender la realidad mexicana de nuestro tiempo. El narcotráfico, la trata de blancas, el desprecio por el cuerpo y su profanación en nuestra cultura de la violencia están presentes en estos libros y nos muestran un panorama desolador de nuestro país en los tiempos que corren. González Rodríguez supo como pocos combinar la soltura narrativa, la inteligencia del ensayo, la indagación filosófica en sus libros. Dueño de una prosa precisa, sus libros de corte periodístico logra convertirlos en literatura. Podemos estar de acuerdo o no con sus hipótesis, que a veces rayaban en la teoría de la conspiración, como sucede en su libro Los 43 de Iguala. Tengo para mí que Sergio cultivó el arte de la duda y la sospecha. No se atenía a las conclusiones fáciles. Lo suyo era desconfiar. Por eso algunas de sus propuestas a menudo podían resultar disparatadas (a menudo la realidad le daba la razón). Recuerdo que alguna vez me recomendó un documental sobre bases extraterrestres en la Luna. No creo que lo haya creído (¿quién puede saberlo ahora?), pero me lo recomendó con esa mezcla de seriedad y profunda ironía que formaban parte de su carácter.

 

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Sergio González Rodríguez
© Javier Narváez

 

Sergio fue uno de los más asiduos lectores de la literatura mexicana. Su polémica lista de los mejores libros del año, que publicaba en el periódico Reforma, le hicieron ganarse enemigos y no pocos adeptos. A menudo cambiaba de opinión sobre un autor de un año a otro. Era una suerte de lista personal, que daba cuenta de sus gustos y que no intentaba dar un diagnóstico de la literatura mexicana.

Tampoco hay que olvidar su trabajo como novelista, como autor de ficciones. Su novela La noche oculta, plena de elementos onettianos y con algo de novela policiaca, es una gran ficción sobre la identidad y el descubrimiento de la vida adulta. Más tarde, esa novela sería editada junto a otros dos textos de ficción para conformar El triángulo imperfecto, junto a El momento preciso y Luna, Luna. En lo personal prefiero, entre sus libros de ficción, El plan Schreber. Tomando como pretexto las Memorias de un enfermo de nervios, de Daniel Paul Schreber, libro inclasificable que fascinó a Freud, Canetti o Calasso, y cuya premisa básica es la paranoia de su autor en torno a la transexualidad y al deseo de dar a luz a una nueva humanidad, Sergio González Rodríguez construye un rompecabezas narrativo, pleno de rupturas temporales. Recombinando los géneros policial con la ciencia ficción, El plan Schreber se las arregla para explorar algunos de los fantasmas que recorren nuestra era: la violencia contra las mujeres, la pornografía infantil, el totalitarismo del capitalismo actual. En el plano temático, el texto sostiene un diálogo con Burroughs y Ballard, dos autores que exploraron el malestar de nuestra cultura. Narración eficaz que rompe el tiempo y lo fragmenta, imágenes que brotan a la velocidad de la luz, surgidas de una poética oscura y libérrima que tanta falta le hace a nuestras letras. Prosa precisa y alucinante, en un cóctel de Raymond Chandler, metido en un rave, viajando en éxtasis en un filme de David Lynch. Sergio sabía que habitamos el simulacro póstumo de un apocalipsis para siempre postergado.

Hay una unidad en toda la obra de Sergio: constantes, obsesiones que se manifiestan en novelas, crónicas, ensayos. Esto lo podemos constatar leyendo libros como El centauro en el paisaje, De sangre y de sol y Campo de guerra, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo. En esos volúmenes González Rodríguez dialoga con la ficción y la crónica periodística desde la óptica y el rigor del ensayo. En una charla que dio para el aula magna de Skribalia, Sergio recuerda la frase de Alfonso Reyes para definir al ensayo: el centauro de los géneros y lo enriquece aludiendo a Chesterton y su idea del ensayo como serpiente ondulante. El centauro y la serpiente: dos imágenes que resumen el trabajo literario de Sergio, su escritura diversa, mutable, serpenteante.

Como colaborador de la Revista de la Universidad de México, en su columna “Tras la línea”, nos regalaba textos oníricos que lo mismo sucedían en la Ciudad de México que en otra ciudad. Eran relatos de sueños, reflexiones combinadas con narraciones fantásticas. En esa columna Sergio le dio vida a su vocación de narrador y de ficcionador, de cronista y de escritor de ensayos.

Con Sergio se va una figura imprescindible para las letras mexicanas.

Su ausencia nos deja el consuelo de sus libros.


   
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Mauricio Molina

Nació en la Ciudad de México el 11 de abril de 1959. Narrador y ensayista. Realizó estudios de Lengua y Literatura Hispánica en la FFyL de la UNAM. Ha sido profesor de cursos y talleres en la UIA y la...


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