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NUEVA ÉPOCA NÚM. 159 MAYO 2017 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Reseña
Novela de la carne


Mireya López Teniza
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 159| Mayo 2017| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

López Teniza, Mireya , "Reseña. Novela de la carne" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Mayo 2017, No. 159 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=830&art=18015&sec=Art%C3%ADculos > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Hay carnes suaves, tersas, ásperas, frágiles, con grietas, con hoyuelos negros, y también están las jugosas, las secas y otras que son insípidas. A veces sólo las probamos por el simple hecho de poder hacerlo.

Tiene 60 años de edad y contrató a un gigoló ruso de 32 años, a través de una página de Internet: ComplacerALaMujer.com. Ella quiere darle celos a Mario, su ex amante. Está desesperada, acongojada por lograr atraer la atención de aquel amor que ha perdido, y eso la hace arder de dolor. Con esta premisa, La carne (Alfaguara, 2016) nos atrapa desde los primeros párrafos de la obra.

La historia inicia con una melodía de fondo, el “Liebestod” (“Muerte de amor”) de la ópera Tristán e Isolda de Richard Wagner, desde donde Rosa Montero anticipa al lector de que el relato será melancólico, lleno de amor e incertidumbre. La autora nos prevé una serie de altibajos emocionales.

La novela de la escritora española comienza analizando la percepción de las relaciones de parejaen la sociedad y, especialmente, el comportamiento de las mujeres de la tercera edad en ellas. Pero, ante todo, muestra una relación de pareja que no se ve frecuentemente, por las normas sociales a las que estamos limitados. Es decir, mujeres de la tercera edad saliendo con hombres jóvenes para satisfacer su propia carne.

 

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Montero desmenuza el vínculo amoroso que se desarrolla durante tres meses entre Soledad, la protagonista, quien se dedica a montar exposiciones de arte, y el gigoló, Adam. Los lleva a una especie de contrato no escrito al que tendrán que hacer frente con todo y los íntimos temores que cargan. Este proemio de la novela nos plantea de entrada dilemas morales. Lo que sigue es un desencadenamiento de giros y complicaciones nunca previstos por el lector: en un principio, la autora dibuja escenas muy simples; su acierto es la construcción de los conflictos internos que comparten sus personajes. Adam, hombre atlético de buen ver, sufre por falta de amor propio, busca ser amado y encontrarse a sí mismo; de ahí su precio en el mercado digital. Abandonado en su infancia junto con su hermano gemelo, es un personaje al que le duele el rechazo de las personas: hace que se sienta inútil.

Resulta curioso que al avanzar el relato uno se entera de que Soledad también tiene una hermana gemela, ambas abandonadas por su padre cuando eran niñas; he aquí el vínculo que une psicológicamente a esta pareja dispareja.

Lo más extraordinario en la historia de Soledad y Adam no es su romance desequilibrado, sino la forma en que Montero, logra armar cada escena en la cabeza del lector para que descubra los aspectos más difíciles de la vida de los personajes. Sin embargo, hay que tener cuidado con el ritmo de las palabras de Montero, pues uno descubre que los actores no son del todo fiables. Lo anterior no logra convertirse en un problema para la verosimilitud entre los personajes, dado que están bien estudiados: cada uno de ellos tiene una composición específica. Son, pues, individuos cuyas vidas son sometidas por el régimen moral de la sociedad y que cometen errores como cualquier humano lo haría, actos cercanos a la cotidianidad invisible; de ahí que la escritora realce el interés por el condicionamiento humano tras haber estudiado psicología.

Así, la estructura de La carne es un vaivén de textos. La autora incluso recurre a las intrahistorias, generando una lectura más jugosa; que uno no termina de saciarse de la infinidad de relatos con los que ejemplifica el vínculo entre la protagonista hipocondriaca y su joven amante ruso. También encontramos a Thomas Mann, Marga Roësset, William Burroughs, Ulrich von Liechtenstein y Maupassant, por mencionar algunos. Ellos, personajes de la vida real, al igual que Soledad, de apellido Alegría, han sufrido la muerte en vida. 

Sin embargo, Soledad y su hombre escultural mantienen una relación compleja, que les permite identificarse; sus miedos a la muerte y al vacío que pueda dejar la vida misma con el paso de los años. Esto último lleva a la protagonista a confrontarse repetidamente consigo misma.

La propia autora explicó hace un año en entrevista para el periódico Milenio Diario que “la parte íntima que corresponde a mi experiencia [...] y a la de todo mundo, es precisamente la relación con la muerte, con el miedo al paso del tiempo y al fracaso y con la búsqueda del amor, que son las vivencias más esenciales e íntimas de todos los humanos”.

Rosa Montero usa elementos de la metaliteratura, a lo que puede adjudicarse buena parte de la tonalidad la obra; logra realzar la trama y mayor contexto a lo que podría ser en un principio una simple historia de amor, y provoca que uno se cuestione sobre su propia carne, sobre la que probamos y queremos degustar en un porvenir.   

 

Rosa Montero, La carne, México, Alfaguara, 2016, 240 pp.


   
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Mireya López Teniza

Estudiante de la licenciatura de Comunicación y Periodismo de la Facultad de Estudios Superiores Aragón de la UNAM.


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