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NUEVA ÉPOCA NÚM. 159 MAYO 2017 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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El regalo de bodas


Mario Bellatin
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 159| Mayo 2017| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Bellatin, Mario , "El regalo de bodas" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Mayo 2017, No. 159 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=830&art=18020&sec=Columnistas > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Imagino que ya regresaron de las playas del norte. Lo sé por los demás perros. Yo ya casi soy otro. Lo que se suponía una pequeña intervención quirúrgica se convirtió en una operación completa. Personal médico, salas especiales, anestesia general. Pese a lo esperado, la convalecencia perfecta. Nada de dolor. Incluso ya llevo a cabo una supuesta vida normal. Sin embargo, el periodo de convalecencia parece haber servido para tomar decisiones. Las principales escribir y tomar fotos todo el tiempo, y recibir, por supuesto, las visitas seguidas de Rulfo. Cambié también la disposición de la casa. Aparecieron cada vez más perros a mi alrededor. Deseché la mayoría de invitaciones. Estoy trabajando ahora con el libro largo, que tiene como título opcional Nuestro vicio. La escuela de escritores entra en receso por falta de subvención. Ninguna institución norteamericana la quiere financiar. ¿Será que nuestras letras han caído en un pozo indignante y dejan de ser consideradas peligrosas hasta para los regímenes más paranoicos? Ingresa a una suerte de sabático indefinido, que comienza a partir de diciembre. Pronto me van a traer un nuevo auto, para poder transportarme sin dificultades mayores en los próximos diez años. Organicé entretanto una serie de textos-imagen. Algunos incluso ya fueron publicados. No puede aparecer uno sin el otro, bajo ciertas características además. Aparece nuevamente aquel personaje, Rulfo, en una segunda o tercera ronda, solitario: Rulfo escribiendo rodeado del recuerdo de ciertos animales. Salvando las distancias espacio-tempore-sapienciales, como las imágenes bíblicas de San Jerónimo y su trabajo con la Biblia. A ver si esta noche voy a la mezquita a agradecer haber sido aceptado físicamente como descendiente de Abraham. Acudo con mi circuncisión a cuestas. Se trata de la intervención a la que me referí en un principio. Rulfo me sugirió llevarla a cabo. Lo hizo durante las incontables vueltas nocturnas sin sentido a las que me obligaba a participar sólo con el fin de no regresar a su casa. Se iba a encontrar con una serie de seres deformes, me decía. Tanto física como mentalmente, acostumbraba añadir. Nunca entendí aquello. Sus palabras, los paseos nocturnos. Ignoro a qué podía referirse si en esa casa sólo habitaban su esposa y sus hijos. He trabajado ya varias versiones de lo mismo —los libros imagen—, y van a salir publicados en distintas partes. Posiblemente en la editorial Anagrama, me pidió el último texto, pero tengo más libros para entregar, quizá se los dé a Bruguera o a Aguilar, para que realice una obra de varios tomos en papel biblia. Pese a los consejos de Rulfo, el trabajo que hice sobre Kahlo ya me lo han diagramado. Se trata de un texto con cuarenta imágenes. Aparecerá también el libro que Rulfo hizo con fotos tanto suyas como de Graciela Iturbide, Demerol sin fecha de caducidad, es el título. Rulfo, mañana viajo con Alejandro el lingüista a las sierras de Pachuca en busca de un poeta náhuatl excepcional —pupilo mío en un programa—, pues Alejandro necesita un recitado en esa lengua para una exposición que prepara. En cierto momento pensó en buscar en Luvina, pero le aclararon que allí esa lengua no es conocida y que los pobladores odian a Rulfo. Afirman incluso que jamás ha sido visto por esas comarcas. Ese viaje con Alejandro el lingüista puede ser bueno para adelantar la convalecencia por la que estoy pasando. No puedo creer que ya no tenga otra obligación sino la de ver mis proyectos, escuchar las palabras de Rulfo, no las tuyas sino las del otro, de aquel que cargaba con su familia como si de una maldición se tratara. Como te iba diciendo, la escuela acaba en un buen momento. Se termina pese a que muchos insisten en que continúe. Pero si se trata, como bien dices, de un recinto donde de alguna manera los indios tienen vedada la entrada es poco importante lo que puede suceder con su manutención en el tiempo. Prefiero dedicarme a revisar las fotos tomadas en La Habana. De alguna manera, al momento de hacerlas tomé en cuenta tus técnicas. Creo que a nadie le he contado que algunas noches yo también estaba presente en el pequeño auto que manejaba la joven estudiante, quien retardaba con sus paseos el encuentro de Rulfo con su familia. En esos viajes le preguntaba a Rulfo sobre sus conocimientos de fotografía. Era un misterio lo profesional de sus imágenes. Siempre traté de saber dónde había aprendido una técnica semejante. Pero Rulfo siempre se mantuvo en silencio. Había pedido que le dieran vueltas en el Volkswagen alrededor de la ciudad con el único fin de que el tiempo pasara. Nunca habló de ningún asunto en esos momentos. Sin embargo, algo de ese silencio me acompañaba cuando tomaba mis fotos. En este caso, las del malecón de La Habana, me servirán para una conferencia que tengo programada. Durante esa sesión repartiré fotocopias, selladas con mi nombre de manera personal, a cada uno de los asistentes. Gracias además Rulfo por hacerme acordar que debo recrear, en los alrededores de Pachuca, el ambiente propio de Zurau, lugar donde estaba ubicada la granja de la hermana donde Francia Kafka pasó el último año de su vida. Todo debe transcurrir en los alrededores de la Biblioteca Municipal: un lugar desolado donde mi perro Perezvón espantó a un rebaño de ovejas contra la carretera, y donde existe un cementerio en cuya entrada hay un letrero que advierte que el guardián no tiene la obligación de regar las flores.

 

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Hasta acá

 

Debo además recrear la comunidad de Zurau, tal como la describe Calaos, teniendo para hacerlo sólo unas imágenes de los alrededores de la biblioteca de Pachuca: un lugar desolador donde Perezvón espantó a las ovejas contra la carretera, y donde existe un cementerio en cuya entrada hay un letrero escrito a mano que advierte que el guardián no está en la obligación de regar las flores. Rulfo, hablando del ladrido de los perros deseo expresarte que cuento entre mis perros con uno bastante extraño. La raza se llama Blue Heeler, y es una mezcla de can con dingo, el perro salvaje de Australia. Parece más un mapache que un perro, y es de color azul. Escribe. Los médicos están contentos, y yo también, con las nuevas medicinas. Casi sin efectos secundarios y con los niveles benéficos muy altos. Sólo les preocupa la aparición de los lunares, motivo principal de la operación que te acabo de describir. Si no fuese porque sé que ya volvieron de las playas del sur no les hubiese contado nada acerca de la intervención quirúrgica. Todo está perdido, por supuesto Rulfo, pero se puede hacer el agujero más grande en la medida que la sapiencia vacía se haga insondable. Y mientras cuentes, estimado Rulfo, con la abnegada señorita Anamari y su Volkswagen. Mañana, tanto como tú lo eres de tu muerte después de la muerte, debo ser testigo de mi propia muerte. Para lograrlo, no tengo sino que sentarme a mirar para describir quién es quién, y tal vez atisbar al antepasado mutilado en el campo de batalla, o a la mujer ¿vendría a ser mi tía abuela quizás? acuchillada por un marido enloquecido por la sífilis. No deseo añadir cargas a nadie. Menos a ti, Rulfo, que te están desviando hasta que ya no puedan seguir. Mientras tanto, los muertos continúan de paseo —parece que suelen ir a mirar el mar o bañarse vestidos—, los sueños hechos sueños y realidad, pues, realidad. Los tiempos adelantados. La palabra hecha imagen, presente en su negativo, en su alma, así estoy recorriendo tus propios libros buscando en la emoción y el corazón lo que pasa sólo a través del ojo, una verdad que siempre estuvo y estará allí. Mientras tanto recurramos a alguna potencia para que nos financie con dinero sucio. Por ahora me acompañan mis perros, tú, Rulfo, que eres una suerte de Lázaro con las heridas lamidas. Chispa se orinó en la cama, unas gotitas, casi como de agua bendita. Las fotografiaré. Hago tanto que no hago nada.

Rulfo, sabes mejor que nadie que la vida fluye. Que hay academias, escuelas, fundaciones, presupuestos y asesinos. Yo, por ahora y a pesar de la operación por medio de la cual soy circunciso, entre otros puntos, ahora soy un caminador. Alguien que junto a ti Rulfo estamos esperando que la vida regrese en fragmentos, en imágenes, cargada cada una de ellas de todos sus muertos y tiempos paralelos, toda la unidad visible. Creo Rulfo que la nueva fórmula para mi aislamiento será preparar un viaje imaginario, anunciarlo, y quedarme encerrado en mi casa. Las fotos que he tomado son fantásticas. Principalmente porque me hacen levantarme a las tres de la mañana para realizarlas, cosa que ya no logra la escritura. Graciela Iturbide, la conoces por supuesto, me ayudó mucho. Dicen que se casó contigo semanas antes de tu muerte. Lo sé por los perros. Como regalo de bodas, ciertos embajadores les obsequiaron un juego completo de llantas Goodyear.


   
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Mario Bellatin

Nació en la Ciudad de México, el 23 de julio de 1960. Narrador. Estudió ciencias de la comunicación en la Universidad de Lima. Ha sido director del área de literatura y humanidades en la Universidad del...


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