UNAM
NUEVA ÉPOCA NÚM. 160 JUNIO 2017 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
Inicio   >>> Creación   >>>   Nina Yargekov

Doble nacionalidad


Nina Yargekov
citar artículo
citar
NUEVA ÉPOCA | NÚM 160| Junio 2017| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Yargekov, Nina , "Doble nacionalidad" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Junio 2017, No. 160 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=831&art=18040&sec=Creaci%C3%B3n > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

PDF
aumentar letra disminuir letra
1 / 3

Untitled Document

Traducción de Lucrecia Orensanz

 

La narradora de Doble nacionalidad, la última novela de Nina Yargekov —inédita aún en español—, despierta en un baño del aeropuerto de París con amnesia total, dos pasaportes y dos idiomas. Descubre que es intérprete y desempeña su papel con soltura mientras determina de dónde viene y quién es en realidad.

 

Son las 5 de la mañana. Silenciosa como una culebra con tus zapatillas sin tacón y suela de goma antiderrapante bajas las escaleras de tu edificio, bajas dando vueltas hasta el último piso, pero manteniéndote siempre por encima del nivel del mar, y luego abres la portezuela del copiloto de un vehículo sin distintivos, al volante del cual está sentado el agente judicial que te llamó ayer por teléfono o al menos eso esperas, porque es cierto que no te cercioraste de su identidad. Hacen una breve parada en la estación de policía para tomarse un café quizás importado de Costa de Marfil, pero eso no te provoca ningún problema de congruencia argumentativa porque no abogas por la expulsión de los marfileños, mientras él te agradece la disponibilidad porque la intérprete que debía intervenir enfermó de último minuto y entraron en pánico tratando de encontrar a alguien más. Sí, te ofende una pizca enterarte de que fuiste la segunda opción, además de que creías ser la única intérprete yazigia de todo París y su área conurbada, pero obviamente no dejas que se note nada porque eres una profesional que sabe controlar sus gestos faciales. Te resume al caso, se trata de unas chicas que se prostituyen en un departamento de los suburbios ricachones, llegan de a dos o tres y se quedan unas semanas antes de ser reemplazadas por otras. Llevan tiempo observándolas y los datos recabados señalan que la proxeneta, porque se trata de una mujer, se encarga de organizar las estancias de las chicas y viene a Francia más o menos una vez al mes para recoger su parte y precisamente se encuentra ahí en ese momento, así que si estás lista les va a avisar a sus compañeros y hay que arrancar ya porque es lejos.

Son las 6 de la mañana. Estás en un cubo de escaleras con paredes café oscuro acompañada por seis policías. Eres la única que no lleva chaleco antibalas. O chaleco táctico. O sea: eres la única que no tiene ese artilugio que podría protegerte el pecho. Las chicas no estarán armadas, pero de todas maneras nosotros vamos a establecer un perímetro de seguridad antes de que entres dijeron los policías con la mano sobre su arma reglamentaria, bueno está bien, pero ¿y si alguien dispara a través de la puerta? La cuestión, verán, es que te encantaría conservar tu pecho en su estado actual de no perforación, el cual te resulta muy conveniente, y cuando las cosas funcionan bien, ¿para qué arriesgarse a perturbar el orden establecido? No hay ningún balazo. Un agente toca la puerta y dices abran es la policía. Sólo que no eres la policía, eres la voz yazigia de la policía, no se confundan. Distinción esencial y sin embargo precaria: no está escrito que, en caso de una revolución seguida del enardecimiento popular en contra de las fuerzas policiacas, tú te salvarías de la guillotina.

Entran en un departamento coqueto donde hay dos chicas y una tercera que es la proxeneta. Si bien su estatuto de superior jerárquico no es flagrante, es apenas mayor y al igual que las otras es alta y hermosa y tiene uñas postizas amarillas con diamantina y un semblante muy cansado. Durante el cateo no tienes mucho que hacer, los agentes registran el lugar y las chicas esperan sentadas sobre una cama: los intercambios son escasos. Las observas de reojo, está claro que no entienden lo que les está pasando. Cruzas las manos por la espalda y juegas discretamente con una liga para el pelo.

 

imagen
De la serie Plaza de la Soledad, Ciudad de México
© Maya Goded

 

Son las 11 de la mañana. El cateo ya acabó, las dos chicas quedaron bajo custodia de otros agentes que llegaron entretanto, ellas son víctimas, no es lo mismo, la tercera está esposada. La hacen subir a la parte de atrás de un auto para conducirla a la estación de policía donde será interrogada, precisamente la misma donde te tomaste tu café quizá marfileño. Te instalas en el asiento de adelante junto al oficial que dirige la investigación y que en tu cabeza decides llamar Robert. No, Émile. O Max. Sí, Max queda mejor, tiene unos cuarenta, barba de tres días, pantalones de mezclilla y chamarra de cuero: el estereotipo de un agente de civil. Como juraste secreto profesional, lo más seguro es asignarles seudónimos mentales a las personas para prevenirte contra cualquier desliz si un día caes en confidencias, lo cual está formalmente prohibido, pero el alcohol a veces hace bajar la guardia y así al menos no revelarás la verdadera identidad de los interesados.

Max mira de un lado a otro, se esculca todos los bolsillos, busca algo a tus pies, en el asiento de atrás, en la guantera, por fin encuentra, coloca, deja de moverse y arranca. Aguantas la respiración, ¿y ahora qué va a ocurrir? Lo que ocurre es que arrancan con las sirenas encendidas y resulta que te encanta, es una sensación fabulosa, no lo hubieras pensado, más bien te daba miedo, pero no, no puede pasarte nada en una patrulla con sirenas, todo lo contrario, estás en el mejor lugar del mundo, van a toda velocidad y los autos se apartan adelante de ustedes, se orillan, se inclinan, es como una guardia de honor, tienes la sensación de que les hacen reverencia, les muestran respeto, pasen por favor honorables agentes del Estado que obran por nuestro bienestar, cederles el paso es lo mínimo que podemos hacer. Respiras profundamente, quisieras que esto durara para siempre, nunca has conocido nada igual ni hubieras podido imaginarlo, concebirlo siquiera, si te lo hubieran contado no lo hubieras comprendido, es un placer pueril y embriagador, no es sólo la velocidad aunque a la vez sí es la velocidad, es también esta impresión de libertad absoluta, estás en un juego mecánico que se escapó de un parque de diversiones, el auto hace lo que se le da la gana, no tiene nada prohibido, nadie podrá reprocharles nada, son los reyes del mundo. Naturalmente, ocultas tu entusiasmo, te abstienes de gritar a todo pulmón síiiii yuujuuuu así más rápido más rápido, y tu rostro conserva una neutralidad ejemplar.

Es la una de la tarde. Estás sentada en una silla de plástico en una salita que huele fuertemente a orines en compañía de la abogada de oficio y de la chica detenida por proxenetismo, tienen treinta minutos para decirse todo en el marco de este gran momento de intimidad gentilmente concedido por el Código de Procedimientos Penales que es el “encuentro con el defensor de oficio”. Las tres tienen más o menos la misma edad, si se intercambiaran la ropa cualquiera resultaría creíble en el papel de la otra y sin embargo las separa un abismo vertiginoso, por un lado está el mundo libre de las mujeres que regresarán a su casa después del trabajo, besarán a su marido y jugarán al salto exponencial con su topo de peluche; por el otro está el universo vacilante de la que comerá lo que tengan a bien darle, que se podrá dar un baño cuando quieran autorizarlo, que dormirá sobre un colchón cualquiera, no quieres generalizar, pero te vienen a la mente algunas imágenes muy poco agradables.

La chica del mundo carcelario mira fijamente a la abogada, te voltea a ver a ti, mira otra vez a la abogada. Ahora tiene las uñas cortas y el pelo suelto, le confiscaron sus pequeños accesorios femeninos: no logras imaginar cómo podría ahorcarse con su liga para el pelo o desgarrarse las venas con sus uñas postizas amarillas con diamantina pero el reglamento es el reglamento, ¿o no? Es castaña clara con cabello largo y ondulado, en sus ojos hay una loba acorralada, ¿acabará en la cárcel?, ¿acabará en cárcel?, y si sí, ¿cuánto podrían echarle? La abogada se hace guaje, en este punto no tiene acceso al expediente, así que imposible predecir el futuro; sin embargo, la detención preventiva es una hipótesis que conviene no descartar; en efecto, carecer de domicilio en el territorio francés no inspira mucha confianza a los jueces, temen que uno se evapore en la naturaleza, por lo demás el proxenetismo simple se castiga con siete años, ¿sabe su cliente qué significa el término proxenetismo? No, no lo sabe. La abogada le imparte un curso exprés de derecho penal especial, en esencia corresponde al hecho de ayudar a un tercero a prostituirse, de ganar dinero con la prostitución de un tercero o incluso de incitar a un tercero a prostituirse. La loba en los ojos de la chica levanta las orejas, inclina el cuerpo hacia adelante, agita ligeramente la cola, la definición coincide muy bien con su actividad profesional, sólo que ella no incita a nadie, más bien a ella la incitaron, pero ¿no es un poco excesivo siete años considerando el hecho de que no es del todo una delincuente? Ahora cuenta, no espontáneamente, sino porque la abogada la incita, la empuja a explicar la situación, y claro en realidad eres tú quien la cuenta por encima de la voz de ella, cómo hace algunos años comenzó a prostituirse en Francia gracias a una amiga que hablaba francés y que había logrado rentar un departamento para las citas, cómo luego su amiga se había ido de prostituta a Alemania, pero había aceptado dejarle el departamento, cómo poco después una amiga le pidió si podía ir también ella porque necesitaba dinero, cómo le venía bien poder compartir los gastos, cómo vinieron después otras amigas, cómo entre una cosa y otra acabó montando una especie de agencia, cómo eso le permitió despegar, así que era una evolución positiva para su vida, cómo sus ingresos actuales le permiten llevar una vida correcta, pero no más, pues tiene muchas deudas por cubrir y muchos gastos de gestión.


   
    subir     PDF


Nina Yargekov

Nació en Francia, en 1980, de padres húngaros. Es socióloga de formación, además de traductora-intérprete. Publicó su primer libro Tuer Catherine en 2009 y dos años después Vous serez mes témoins....


Leer más   »
Secciones de la Revista
Sitios de interés