UNAM
NUEVA ÉPOCA NÚM. 161 JUNIO 2017 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
Inicio   >>> Artículos   >>>   Santiago Roncagliolo

Creando un monstruo


Santiago Roncagliolo
citar artículo
citar
NUEVA ÉPOCA | NÚM 161| Junio 2017| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Roncagliolo, Santiago , "Creando un monstruo" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Junio 2017, No. 161 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=832&art=18070&sec=Art%C3%ADculos > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

PDF
aumentar letra disminuir letra
1 / 3

Untitled Document

 

En un ensayo urdido con entrañables hilos autobiográficos, el peruano Santiago Roncagliolo —reconocido en su momento por Granta como una de las más brillantes plumas jóvenes en lengua española— reflexiona sobre el juego a partir de la transformación de su propio hijo, a quien tras una infancia peculiar se le inocula el virus de cierta práctica que ha sido capaz de suscitar la pasión y el entusiasmo como muy pocas otras.

 

ENERO 2013

 

A mi hijo de cuatro años le gustan las princesitas. Y las muñecas. Si lo llevo a una juguetería, se pasa más tiempo en la sección de niñas que en ninguna otra. Sugiere juguetes para su hermana que termina usando él. Y si le pregunto su color favorito, la respuesta es un contundente “rosado”.

Siempre he defendido que los niños no se aferren a los clichés de género. Que no pasa nada si les gusta la Barbie o si saltan la cuerda. Ya me sé todo el rollo de la igualdad. Pero igual, esto me pone muy nervioso. Y no porque me avergüence. Al contrario: porque yo también era así.

De niño, no hacía deportes. No montaba en bicicleta. Leía mucho. Jugaba con niñas porque ellas hablaban más y corrían menos. Era un niño repelente. De hecho, lo sigo siendo. Cuando le dieron el Balón de Oro a Messi, yo sólo podía pensar:

—Qué espanto de esmoquin. ¿Quién le escoge la ropa a este hombre?
Justo por eso me preocupo. Porque conozco el precio de ser diferente.

No hay nada más cruel que un niño. Y no hay nada peor que ser un niño raro. Cuando yo era chico vivía en México, y al volver al Perú, hablaba raro. Eso me hizo acreedor a todo tipo de bromas, sarcasmos y alguna zurra (aparte de las correspondientes a no jugar al fútbol). La mayor parte del tiempo, los otros chicos hablaban de sexo en jerga de la calle, y yo ni siquiera comprendía qué decían. Aprendí por instinto cuándo tenía que reírme. Y cuándo tenía que enfadarme. Con tal de ser igual que los demás, hasta contaba chistes que yo mismo no entendía. Pero al menos reduje las agresiones hasta límites llevaderos.

No quiero que mi hijo sufra humillaciones si los demás lo encuentran distinto. Así que desarrollo todo un plan para que mi hijo juegue fútbol. Lo llevo a plazas donde “casualmente” juegan otros niños. Concentro mi vida social en amigos con hijos futboleros. Pongo partidos en la tele, incluso de equipos que no conozco, y trato de mostrar entusiasmo por ellos. Nada da resultado. El chico insiste en jugar con gatitos de peluche y pulseritas moradas.

Por suerte, en el proceso descubro con alivio algo que no esperaba. Yo soy el mismo inútil que era cuando niño, pero la sociedad es mejor unas décadas después. En el colegio de mi hijo, y en los colegios de sus amiguitos en Barcelona, y entre mis amigos de todas partes, hay gente diferente. Sudamericanos, africanos, chinos, rusos. También hay homosexuales. Algunos de ellos son padres. Al menos en el pequeño mundo de mis hijos, la diferencia ya no es necesariamente un problema. Si todos son diferentes, nadie lo es.

 

imagen
Fotografía de archivo
© Pixabay

 

De todos modos, para estar tranquilo, decido hablar del tema con mi hijo directamente. Es lo que se supone que se hace en el siglo XXI. Conversar. Lo encuentro coloreando un dibujo de Campanilla y le propongo:

—Oye, ¿no quieres que dibujemos también unos monstruos alienígenas sangrientos?

—No. Esto está bien. Se lo voy a regalar a mi amiga Aitana.

—Claro. Tienes más amigas que amigos, ¿no? ¿Por qué?

—Porque las niñas son más listas —dice, desde la sabiduría de sus cuatro años.

—¿Pero no te preocupa que los chicos te fastidien por andar siempre con chicas?

—Me da igual —dice, sin levantar la vista del dibujo.

—¿Y si te fastidian?

—Los fastidiaré yo también —explica con despreocupación.

Ojalá hubiera pensado yo así cuando tenía su edad.

Desde esa conversación tengo claro que nunca conseguiré educar perfectamente a mi hijo. Pero, con suerte, él sí logrará educarme a mí.

 

OCTUBRE 2013

 

No sé montar en bicicleta. Ya está. Ya lo dije.

Cuando tenía cinco años, mis padres me compraron una. Pero a la primera caída decidí que eso no era para mí.

Mis padres eran intelectuales. No se les ocurrió mejor idea que respetar la decisión del niño en vez de obligarlo a aprender. Maldita sea.

A los veinte años, la chica con la que salía insistió en enseñarme, creo que por vergüenza ajena. Como estaba enamorado, acepté. Mientras yo me caía y hacía el ridículo, su hermanita de seis años pasó a nuestro lado en su bici sin rueditas y me dijo, con una sonrisa de sorna:

—¿Tan grandazo y no sabes montar en bicicleta?

Rompí con esa chica.

Ante la incomprensión del mundo, suelo defenderme con un argumento de física elemental: es absolutamente imposible que las bicicletas se mantengan erguidas. Las cosas, si no tienen apoyos, se caen al suelo. Todo el mundo lo sabe. Un día, de repente, todos los ciclistas del mundo se darán cuenta y se partirán la cabeza.

Creo que, de tanto repetirlo, me lo he llegado a creer.

Pero ahora tengo un hijo. Y ese canalla insolidario y mezquino de cinco años ha aprendido a montar en bicicleta. Lleva meses diciéndome:

—Papi, ¿no te gustaría ir juntos en bicicleta?

O:

—Papi, qué pena que no sepas montar.

O la más humillante:

—Papi, si quieres, te enseño a montar.


   
    subir     PDF


Santiago Roncagliolo

Escritor peruano, radicado en Barcelona. Ha trabajado como guionista, traductor y periodista y ha obtenido un amplio éxito con sus novelas; con Abril rojo (2006) se convirtió en el ganador más joven del...


Leer más   »
Secciones de la Revista
Sitios de interés