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NUEVA ÉPOCA NÚM. 161 JULIO 2017 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Los peligros de fumar en la cama, de Mariana Enriquez


Javier Moro Hernández
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 161| Julio 2017| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Moro Hernández, Javier , "Los peligros de fumar en la cama, de Mariana Enriquez" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Julio 2017, No. 161 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=832&art=18087&sec=Rese%C3%B1as > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Somos testigos de un mundo en el que el odio y la violencia se han instaurado y convertido en los dueños de la palestra pública. Ésos son los monstruos contemporáneos que arrasan todo a su paso, son los generadores de los nuevos fantasmas que atenazan y destruyen el universo conocido. Pero nuestros miedos más personales, más primigenios, ésos que nacieron y crecieron junto a nosotros, también siguen ocupando un lugar en nuestra civilización.

Tal vez por eso la literatura de terror tiene aún tanto impacto en la obra de un gran número de autores que se dedican a escribir sobre los temas y los personajes tradicionales del género: los fantasmas, los monstruos —como vampiros, hombres lobo—, las brujas o hechiceras, los personajes maléficos o satánicos. Pero la presencia de estos personajes no basta para generar terror, es necesario un ambiente propicio para que estos miedos crezcan y se desarrollen: los castillos embrujados, hospitales abandonados, las casas de campo de grandes familias venidas a menos, por mencionar sólo algunos ejemplos emblemáticos.

El género de horror también ha creado personajes prototípicos como enfermos, amantes de lo extraño, buscadores de lo paranormal, personas con problemas psicológicos y con un amor morboso por lo decadente, lo tenebroso y un erotismo larvado por la enfermedad.

En América Latina las tradiciones literarias han seguido derroteros distintos a los de los países europeos que iniciaron el género. En Argentina, por ejemplo, se ha desarrollado una poderosa tradición literaria basada en la fantasía más que en el horror o en el terror. Una fantasía que, como nos dice la escritora Ana María Shua, ha buscado provocar la ansiedad, la angustia o la inquietud. Es justo en esa búsqueda de conjugar las ansiedades contemporáneas con los miedos más primigenios, más infantiles en donde podríamos situar la narrativa de la escritora argentina Mariana Enriquez.

 

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Fumadora de opio, The Illustrated London News, 1909
© Wikicommons

 

Los cuentos reunidos en su libro Los peligros de fumar en la cama, publicado por Anagrama, generan en el lector una sensación de distorsión gracias al uso de los mecanismos literarios del terror más clásico pero trasladados a la cotidianidad del siglo XXI. Los cuentos de Enriquez nos dan la sensación de que la extrañeza y lo fantástico nos acechan en cualquier parte: en la casa, en la calle, en la familia, en el café, en el trabajo, esos lugares que todos consideramos seguros o familiares.

La prosa de Enriquez sorprende justo por la ambigüedad con la que ha logrado fusionar el terror y la fantasía con la observación crítica de nuestra sociedad. La autora logra con su prosa punzante y ágil dar la sensación de que nuestro mundo es un lugar inmaterial, cruzado en diferentes niveles por personajes que no deberían estar aquí, personajes que lo mismo pueden ser fantasmas vengativos que niños que reaparecen como zombis, o mujeres que han sufrido hechizos o encantamientos o indigentes que lanzan maldiciones contra barrios enteros o nuevos santos con ritos oscuros. Personajes que bien podríamos decir que son herederos de la tradición literaria del terror. Sin embargo, sus cuentos también están habitados por adolescentes crueles, egoístas y deprimidos que buscan en la laceración de su cuerpo una forma de encontrar un sentido a la vida, jóvenes que viven en sociedades brutales y que han decidido enfrentarse de esa manera a las reglas y convenciones impuestas.

Esta mezcla de historias en las que encontramos personajes típicos del género de terror, desarrollados en ambientes y problemas sociales contemporáneos, es patente en el cuento “Rambla triste”, en donde la protagonista, que ha viajado a Barcelona para visitar a un par de amigos, se da cuenta de que la ciudad tiene un olor que no había percibido en visitas anteriores: “Olía igual que un perro muerto pudriéndose al costado de la ruta, como la carne pasada y olvidada en la heladera cuando se ponía morada color vino tinto. El olor se escondía y con sus ráfagas arruinaba las calles más bonitas, los pasajes pintorescos. Incluso llegaba hasta las Ramblas”.

Un olor que proviene de niños muertos durante la destrucción del barrio chino en el siglo XIX, niños que han regresado para hacerles la vida imposible a los nuevos habitantes de la ciudad: “—Vos ya sentiste el olor. El olor de los chicos. Te vi frunciendo la nariz”.

La narradora pone en claro que esos chicos están por ahí, deambulando por la ciudad, dejando tras de sí el hedor de su muerte. Fantasmas vengativos que parecen tener conciencia de los problemas sociales y urbanos del siglo XXI, como la gentrificación y la destrucción de la vida barrial.

La obra literaria de Mariana Enriquez es sólida, compuesta por cuatro novelas (la primera de ellas, Bajar es lo peor, publicada en 1994); un libro de crónicas, Alguien camina sobre tu tumba. Mis viajes a cementerios; la biografía La hermana menor. Un retrato de Silvina Ocampo; un libro de ensayos sobre mitología celta y dos libros de cuentos. El primero de ellos, Las cosas que perdimos en el fuego, también fue publicado por Anagrama el año pasado, y traducido a veinte idiomas. El cuento que da nombre a esta primera colección narra la decisión de las mujeres de inmolarse en enormes fogatas después de que varias otras han sido quemadas vivas por sus parejas. De esta manera logran subvertir el orden social, convirtiendo ese acto suicida en un acto de liberación personal y grupal, que además termina trastocando la idea de belleza que se tiene sobre las mujeres.

Una de las características de los cuentos de Enriquez es que la mayoría de sus protagonistas son mujeres, solas o que conviven con otras. Eso sí, todas con una alta dosis de libertad personal y de cinismo para encarar la vida. Por ejemplo, en el cuento “Los peligros de fumar en la cama”, que da nombre al libro, la protagonista es una fumadora empedernida que recibe con molestia la noticia de que una vecina del barrio murió en su cama, por “fumadora”. Ella cuestiona la noticia, pues fumar es una de las cosas que más disfruta en la vida. Y más si es en la cama. Pero el placer no sólo radica en fumar, sino en prender las colchas y el colchón con el cigarro, introducir la punta encendida y ver cómo se crea un pequeño punto rojo que se va prendiendo poco a poco mientras quema el colchón, disfrutar de ver cómo ese fuego se va extendiendo y puede apagarlo a manotazos que le laceran la piel.

Por supuesto que estos dos cuentos nos dejan ver la presencia del fuego como un elemento liberador y de rebeldía. Lo que nos lleva de nuevo a pensar en los miedos primigenios que mencionamos al principio. El fuego es un elemento que cautiva pero que también es peligroso y por lo tanto está prohibido para los niños. Los miedos pueden surgir de la fascinación por los objetos de prohibición.

En Los peligros de fumar en la cama encontramos varios cuentos en los que lo prohibido, lo escondido, lo secreto, juegan un papel esencial en el desarrollo de la historia. Uno de ellos es el que da inicio al libro: “El desentierro de la Angelita”. En sus páginas una gran tormenta desentierra los huesos escondidos de la “Angelita” en el fondo del jardín; la abuela, al enterarse, le cuenta a la protagonista que esos huesos pertenecieron a una hermana suya que murió muy pequeña, y que hay que devolverlos a la tierra para que su hermana pueda descansar. Sin embargo, años después la casa es vendida y destruida, lo que provoca que el fantasma de la “Angelita” aparezca a un lado de la cama de la protagonista, muda y exigente y con la necesidad imperiosa de que sus huesos sean enterrados nuevamente en el jardín de la casa. Lo cual es imposible. Así que la protagonista tiene que acostumbrarse a compartir su vida y su casa con el fantasma de su tía abuela fallecida hace años y quien no la deja sola ni un segundo.

Este cuento contiene varios elementos de la literatura de terror más clásica, como los fantasmas de niños, las grandes casonas con jardín, las familias venidas a menos, pero sorprende por la facilidad con la que la protagonista se acostumbra y entabla comunicación con el fantasma de su tía abuela. Un fantasma al que cuida y al que carga para evitar que se lastime más los pies.

Al final del libro nos encontramos con “Cuando hablábamos con los muertos”, donde Enriquez retoma el tema de las mujeres como grupo. Cinco amigas adolescentes, aficionadas a jugar con la ouija, intentan hablar con los padres de una de ellas, desaparecidos por la Junta Militar en la última dictadura. Esa decisión las hermana, las acerca, porque casi todas ellas tenían algún conocido, algún pariente, que había sido desaparecido. Así que deciden contactarlos a todos para saber en dónde se encuentran enterrados. Sin embargo, las chicas no tienen suerte, porque ninguno de los muertos quiere entablar comunicación con ellas, pues según les dice otro muerto con el que sí pueden hablar: “Alguien los molestaba”.

Al final los muertos cobrarán venganza. Una vez más y de manera terrible. De nuevo seremos testigos de esta extraña relación entre vivos y muertos, esta relación cotidiana, cercana, en la que esos seres que nosotros hemos desterrado deciden regresar y estar con nosotros.

Pareciera entonces que para Mariana Enriquez la realidad es permeable, manipulable. Lo cual sin duda da un giro nuevo al género literario del terror en América Latina, sobre todo porque aporta una mirada crítica sobre el entorno social y político que nos rodea, algo que parece esencial para comprender mejor los tiempos oscuros que atravesamos.

Se ha dicho en ocasiones que la literatura de fantasía y de terror nos habla más directamente sobre los conflictos sociales y el momento histórico que la literatura costumbrista o realista, algo que Mariana Enriquez logra. Nos da pie a pensar que nuestros miedos más elementales siguen estando presentes en nuestro mundo enloquecido y que tal vez deberíamos abrazarlos, porque lo que nos depara el mundo es aún más terrible que nuestras pesadillas más íntimas. u


   
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Javier Moro Hernández

Periodista, escritor y promotor cultural colombiano avecindado en México. Estudió comunicación en la Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco. Su obra ha formado parte de varias antologías. Mareas (Casa...


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