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NUEVA ÉPOCA NÚM. 161 JULIO 2017 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Amor en todas sus expresiones


Ana Paulina Mendoza Aragón
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 161| Julio 2017| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Mendoza Aragón, Ana Paulina , "Exclusivo web. Amor en todas sus expresiones" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Julio 2017, No. 161 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=832&art=18098&sec=Rese%C3%B1as > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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En grandes obras románticas ya sean del cine o de la literatura, podemos observar que el amor ha sido, sin duda alguna, el tema predilecto del drama. Hemos expiado pecados y culpas por lo que el amor le ha representado al ser humano. Pero en una época donde lo sintético y lo rápido son una prioridad, es lógico que el amor se haya transformado en un juguete de plástico. Lucía Etxebarria hace un profundo estudio sobre lo que es el amor, de dónde proviene, cómo se crea y transforma. Al punto: crea una obra donde es posible localizar al amor en sus diferentes presentaciones.

 

***

 

Recientemente leí una novela impactante de Julieta García González en la que una mujer se deja caer en una relación destructiva y lastimera.1 La historia no sólo me conmocionó, sino que creó una avalancha de sensaciones que resultaron en una confusión. Desde ahí comencé a tener una serie de conflictos internos por los que no sabía dónde estaba parada. Pensaba que, como el resto del mundo, mi relación pertenecía a un porcentaje de la población en el que, después de determinado tiempo, la monotonía y el hastío eran parte del amor, y la convivencia con una pareja daba como resultado un sentimiento de estabilidad confundiéndose con felicidad… Estable: ¿a qué le llamamos estable? Pareciera que Lucía Etxebarria también se obsesionó con la idea de que las relaciones y la normalidad fueron rasgos obligados a contraer matrimonio para la tranquilidad de una sociedad que se rige por lo políticamente correcto.

No podía decir que mi relación fuese mala... y mucho menos normal. La novela de Julieta García creó una disyuntiva, y no porque viva una relación violentada, sino porque no sabía qué nombre ponerle a las sensaciones y dificultades por las que pasaba. Cuando el señor M y yo platicamos con los más cercanos sobre las libertades que nos otorgamos el uno al otro (justamente para evitar esa austeridad y normalidad), han existido una infinidad de opiniones y, sin duda, las expresiones de nuestros amigos han sido de igual manera aún más divertidas. En la etapa de mi confusión interna, fueron constantes las ocasiones donde me preguntaba (sin exteriorizar) si esa libertad no era libertinaje, y no por sentirme mal con esa parte de mi relación (al contrario), sino porque las miradas y los comentarios que enjuician las decisiones de pareja son cada vez más frecuentes. Insisto, pareciera que la autora española hubiera escuchado mis preguntas sobre lo que está pasando.

 

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Más peligroso es no amar (Aguilar, 2017) no es una novela, pero sí logra que te adentres en historias interesantes que hablan sobre el poliamor y otras formas de relación sexual y amorosa en la actualidad. Creo que la mejor historia es aquella que logras interpretar y crear a partir de las vivencias propias. Permítanme explicar. El libro se encuentra dividido en dos secciones, las cuales a su vez están divididas en subsecciones en donde unas son más cortas que otras. Desde el inicio, la autora expone que se puede leer al derecho y al revés, el orden del libro es como mejor le acomode al lector. Personalmente, creo que para comprender mejor la segunda parte debes de replantear una y otra vez la primera, así al llegar a los casos y datos que exponen más adelante, el lector se encuentra abierto a todos los tipos de experiencias que, aunque no los viva en carne propia crea una empatía, o al menos comprensión, por aquellos que sí se encuentran en ese tipo de casos.

 

PRIMERA PARTE: MUT[IL]ACIÓN

“El hundimiento de las estructuras tradicionales” es el primer apartado. En donde reformula conceptos que, admito, desconocía o de los cuales no comprendía el alcance colectivo del que eran partícipes, no sólo en términos psicológicos o médicos, sino en el léxico común del presente; palabras y términos que se han asociado por los cambios tecnológicos y culturales, y que se han apropiado de nuestro siglo XXI como lo son el Living Apart Together o LAP, el uso de aplicaciones para ligue como Tinder, Grinder (para los gays) o Wapa (para lesbianas), BB o BareBack (gays que no usan condón), o de qué trata la modernidad líquida.

Living Apart Together (LAP) es la manera en que se le conoce a una minoría de parejas que han decidido vivir por separado. Para este tipo de relaciones la convivencia diaria resulta innecesaria, así logran crear un ambiente de paz y tranquilidad. El que vivan separados y cada quien se haga cargo de sus gastos y de su tiempo a como ellos les plazca no implica que sean parejas que no tengan hijos, estén casadas... o sean infieles. Como en cualquier relación que se abre al diálogo, esas características dependen de lo que el otro esté dispuesto a aceptar; y debo reconocer que esta categoría de parejas, aunque son poco comunes, funcionan mucho mejor que las tradicionales. Donna y Mike son un gran ejemplo que, aunque tienen sus altas y bajas, han sido de las relaciones más estables que conozco: tienen tres hijas, ambos trabajan y viven en casas separadas —aun así, poseen en conjunto un condominio en las afueras de la ciudad donde pueden pasar tiempo juntos cuando lo desean—, se encuentran en unión libre, pues la idea del matrimonio no les agrada, pero tener 20 años en pareja es un logro que pocas familias tienen aun viviendo juntos. No quiere decir que el vivir bajo el mismo techo sea una característica que impere al momento de mantener una relación, sólo digo que no siempre es indicio de que las cosas vayan bien o mejoren. Es como aquellos que creen que al tener hijos la situación de pareja puede mejorar, y en tales casos hasta llega a ser peor.

La modernidad líquida es un concepto creado por el sociólogo polaco-británico Zygmunt Bauman “para definir el estado fluido y volátil de la actual sociedad, sin valores demasiado sólidos.” Estamos acostumbrados a ir a una velocidad atroz en cada acción que involucra nuestras vidas. Esto se da porque estamos conscientes de que las cosas no duran lo suficiente, por lo que cuando aparecen oportunidades nuevas solemos reaccionar ante la primera que se nos presenta. Esto sucede tanto con los objetos materiales como en las relaciones que tenemos. Bauman dice que todo cambia de un momento a otro, tenemos la conciencia de que somos seres que se encuentran en cambio constante, y por lo tanto no estamos dispuestos a mantener situaciones, objetos o relaciones fijas en nuestra vida. Aunada a esta premisa, Lucía explica que el amor líquido es el resultado de “cuando todo el mundo se lía con todo el mundo, [pues] el amor se hace flotante.  […]  En esta sociedad tan frenéticamente consumista en la que cambiamos de trabajo cada dos años, de coche cada tres […] ¿por qué vamos a querer tener siempre el mismo modelo de amante? Los cuerpos de los demás no son sino una mercancía más de la que puedes desprenderte, desecharla, desconectarla. Los vínculos duraderos despiertan ahora la sospecha de una dependencia paralizante, no son rentables desde una lógica del costo-beneficio”.2 Pero, ¿será esto cierto? Es verdad que el mundo en el que nos desenvolvemos ha creado un caos donde la incertidumbre del mañana y la rapidez con la que tomamos decisiones se convierten en hábitos comunes; sin embargo, también existen las minorías —las cuales han tomado más fuerza con los últimos años— que respetan la vida a paso lento, aun cuando esto implique dominar una tolerancia extremista y llevar un ritmo de vida a paso de tortuga.

La transformación de la pareja y la concepción de familia como núcleos fundamentales en la base de un Estado moderno, han sido modificadas de manera generacional y no es sólo por las influencias culturales, pues es más fácil que un hombre francés se sienta atraído por una mujer delgada más que por una latina voluptuosa. Lucía explica que el funcionamiento de las hormonas como la oxitocina y la vasopresina son esenciales para que elijamos a nuestra pareja en potencia. Pero son los mitos que el mismo sistema social en el que nos desenvolvemos ha creado, aquellos que han permeado la búsqueda de pareja, y de mantenerla o no con nosotros; ya sea porque se crea que “el amor lo puede todo” o que la idea de matrimonio es un objetivo lógico para la satisfacción personal, y que todo aquel que viva fuera de este estatuto universal tiene problemas y será infeliz, son sólo algunas de las características primordiales que la ética, la normalidad y la conciencia (o la falta de ella) han moldeado a través de un sistema incoherente, pues bien sabemos que existen situaciones en las que los factores externos son más poderosos que el cariño (sobre todo cuando están involucrados sentimientos egoístas), o que el matrimonio no es signo de verdadera estabilidad.

 

SEGUNDA PARTE: LAS INFINITAS CARAS DE LA MONEDA

Fue justo hace un par de días que mi amigo S me preguntaba si reconocía que la relación que mantenemos el señor M y yo no se encuentra basada en amor, porque finalmente, aunque vivimos juntos esto no siempre es un indicador de que sigamos enamorados. —Efectivamente —le dije—, no aseguro que sigamos enamorados, porque una relación que lleva tanto como la de nosotros es prácticamente imposible que produzca la cantidad de dopamina que al principio. Tampoco puedo decir si es del todo amor, pero sí es una relación que conlleva mucha paciencia, cariño y, en parte, costumbre. No es perfecta, pero ¿qué relación lo es? Admito que mi respuesta me sorprendió más a mí que a S, quien al parecer esperaba un planteamiento distinto de mi parte. Aquella noche, cuando abrí el libro para ojear un par de páginas, me quedé sumida en un apartado o, más bien, en un cuadro comparativo que hace al inicio de la segunda parte llamada “Amar de otra manera”. Inicia justamente con un balance entre el amor romántico y el racional, así como con un pequeño párrafo que indica: “La segunda parte de este libro trata de todas las formas de amor que están surgiendo como opciones a la pareja monógama tradicional”.3 Entonces la plática de unas horas antes cobró un sentido más amplio: las relaciones afectivas pueden categorizarse en más de una forma, en algo distinto que corresponde al amor y no sólo al amor tradicional.

Puedo asegurar que conozco casos —y probablemente cualquiera que lea a Etxebarría coincida conmigo— que, en muchas ocasiones, aunque no son idénticos sí poseen un cierto parecido, y con ello es que uno va armando las piezas que necesita. A lo largo del texto se logran identificar estas piezas, y si el lector es meticuloso, al grado de capturar esos pequeños detalles parecidos, puede otorgarle un nombre a lo que no sabía cómo llamar.

Las características de propiedad y pertenencia se han encriptado en nuestra formación de tal manera que, al desenvolvernos en una etapa adulta, optamos por creer que la moralidad y la ética que le son propias a las variaciones de lo mono- (monoteísmo, monofacético, monógamo, etcétera) llegan a ser lo más apropiado. No hace mucho El manual de Carreño era el libro por distinción que una persona de categoría debía aprender para ser “bien visto” en la sociedad; aún hoy en día, éste tipo de fuentes son recurrentes para el desarrollo de nuestra sociedad y con ello, toda expresión que se encuentra fuera de los cánones de moralidad es una especie de indecencia, no sólo mal vista sino juzgada y, por lo tanto, se pretende ocultarla y hasta erradicarla.

Cada vez es más frecuente el bombardeo de información que existe sobre el tipo de violencia que se genera en una relación, y aunque parece algo mínimo, en el “violentómetro”4 de pareja encontraremos que los celos y el chantaje son de las agresiones menores. Curiosamente éstas son el tipo de violencia más común en las relaciones, pero les damos poca importancia justamente por su frecuencia, ¿por qué no es algo mal visto la posesión de una persona respecto a otra? Etxebarría expone en la segunda mitad del libro que “así, como propiedad, si nuestra mitad tiene relaciones sexuales o afectivas con otras personas nos está quitando algo que nos pertenece. Esto ocurre cuando entendemos el amor como propiedad, y nos guiamos por una lógica capitalista de acumulación de bienes”. Y no es que el ser monógamo sea erróneo, es sólo una cuestión de respeto ante las decisiones, no sólo de aquellos que nos rodean, sino de nuestra(s) pareja(s) y, sobre todo, de nosotros mismos. El vivir en un constante riesgo de agresión aceptada nos ha convertido en animales autoamaestrados que adoptan la opinión sesgada de lo que culturalmente se nos ha impartido y que aprobamos porque creemos que es lo mejor para nosotros y para los demás.

Siempre he dicho que la monogamia no es para todos y que no todos están hechos para la monogamia. No me malentiendan, no justifico a los que optan por la infidelidad, pues insisto que la falta de comunicación en cualquier tipo de relación (amistad, pareja, familia, etcétera) es también un tipo de violencia que no permite que dicho vínculo se enriquezca, pero concuerdo con la autora al destacar que tanto la monogamia como el poliamor son tan variados como una gama de grises entre el blanco y negro. El sentimiento de culpabilidad es una creación de la conciencia que lleva como complementos el carácter altruista y, por ello, egocéntrico del ser humano, ¿cómo saber si no se le hace más daño a la pareja al confesar el engaño sexual o amoroso cuando la fidelidad no es propia de nuestra naturaleza?

Finalmente tomar riesgos en el ámbito sentimental es parte de la ciencia misma del amor.

En el fondo de la estructura de pareja monógama late siempre una cuestión moralista [...] pensamos en el sexo más como un vicio que como una parte esencial del ser, necesaria y constituyente de la vida. [...] Del mismo modo que la posesión de los cuerpos y deseos ajenos forma parte del capitalismo emocional, la utilización de los cuerpos y los deseos ajenos también es capitalismo emocional. Desear poseer a alguien en exclusiva es capitalismo emocional. Usarlo para una noche, como si fuera una muñeca o un muñeco inflable, también. Desvincularse de los cuerpos o de los deseos del otro implica cosificación, forma parte del usar y tirar tan propio de la sociedad capitalista: las personas y los cuerpos como puro objeto de consumo, como instrumentos.5

 

***

 

Le encuentro una pequeña falla al libro, que sin duda es una consideración importante al momento de adentrarse en éste: la experiencia y los casos que se mencionan son, en su mayoría, de tipo eurocentrista. No estoy en contra de que se hable sobre el amor y sus variantes al otro lado del “charco”, pero mientras leía me consternó que las situaciones y los datos que arrojaba Lucía eran específicamente de España. Solamente al hablar de violencia expone estadísticas de Latinoamérica. Entonces ¿Los americanos no amamos? Claro que sí, pero si bien lo menciona ella, la herencia cultural es diferente en cada lugar y con ello las transformaciones del amor mismo. Así que, retomando la idea de que las influencias culturales sí importan y hacen la divergencia, me dediqué a crear una especie de (mini) estudio con base en los pasos que pude rescatar. Obviamente, las variables del experimento que hice son muy distintas, ya que Lucía se tomó el tiempo necesario para recopilar toda la información, analizarla, compararla y exponerla en 398 páginas. En mi caso dispuse de dos meses para siquiera lograr un cuarto de todo lo que ella plantea en el libro. De cualquier manera, no puedo decir que haya sido un fracaso porque el laboratorio fue mi propio entorno, pero creo que este tipo de experimentos son más enriquecedores si uno lo hace desde su propia perspectiva, desde su propio laboratorio. Le propongo al lector que se atreva a leer este excepcional libro para que juntos hagamos no sólo una definición de los miles que existen sobre el amor y todas sus expresiones, sino una reflexión, y hasta un estudio propio, desde sus relaciones presentes y pasadas, e incluso desde las relaciones de aquellos que le rodean. Hagamos un análisis concienzudo sobre si es verdad que más peligroso es no amar.

 

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Lucía Etxebarría, Más peligroso es no amar, Aguilar, México, 2017, 398 pp.

 

 

1  Mendoza Aragón, Ana Paulina, "Julieta García González. Después de la tormenta" [En línea]. Revista de la Universidad de México, Nueva época, Abril 2017, No. 158  http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=829&art=17810&sec=Rese%C3%B1as [Regreso]

 

2  Lucía Etxebarría, Más peligroso es no amar, Aguilar, México, 2017, pp. 21-22. [Regreso]

 

3  Ibid. p.153. [Regreso]

 

4  El Instituto Politécnico Nacional creó un tablero de fácil acceso en el cual cualquiera puede ir notando los tipos de violencia en pareja y que tan grave resulta conforme a lo que se haya o se esté experimentado en la relación.  www.genero.ipn.mx [Regreso]

 

5  Ibid. pp. 161-162. [Regreso]


   
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Ana Paulina Mendoza Aragón

Estudiante de la licenciatura en Historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.


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