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NUEVA ÉPOCA NÚM. 161 JULIO 2017 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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El legado de Javier Valdez


Eva Chaire
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 161| Julio 2017| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Chaire, Eva , "Exclusivo web. El legado de Javier Valdez" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Julio 2017, No. 161 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=832&art=18099&sec=Rese%EF%BF%BD%EF%BF%BDas > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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El 15 de mayo de 2017 fue asesinado, a sangre fría, el escritor y periodista Javier Valdez Cárdenas. Originario de Culiacán, Sinaloa, Valdez dedicó gran parte de sus 50 años de vida a laborar como periodista, y contar, con una valentía inconcebible, la verdad. Fundador del semanario Riodoce, que se especializa en temas relacionados al narcotráfico, y ejerciendo como corresponsal para La Jornada en Sinaloa, Valdez era también conocido por su trabajo como escritor. De entre un total de siete libros que escribió en vida destacan Levantones: historias reales de desparecidos y victimas del narco (2012) Huérfanos del narco (2014) y Narcoperiodismo, la prensa en medio del crimen y la denuncia (2016). Todos relatan historias verdaderas que giran en torno al narcotráfico, al veneno inescapable que sofoca a México y que termina con la vida de miles cada año. Valdez, al crecer rodeado de este tipo de violencia para luego laborar en torno a la misma, estaba más que consciente de las consecuencias y efectos que ejerce el narcotráfico sobre la sociedad. Y conocía, a fondo y personalmente, los dilemas a los que miles de periodistas se enfrentan en México día con día:

 

Cuesta trabajo creer que en un país tan grande y lleno de contrastes, con una geografía maravillosa y recursos naturales que lo harían una potencia, los intereses económicos de unos cuantos estén por encima de la gran mayoría y el discurso con el que impongan su ley sea la impunidad, el asesinato, la corrupción, el despojo electoral, los levantones, la mordaza y el puñetazo artero, implacable a los periodistas que buscan la verdad.

 

Las palabras de Valdez resuenan en lo más profundo de nuestro ser, como una herida imposible de sanar: la cruel realidad que vivimos en México. El periodismo, como alega el escritor, es una de las profesiones más peligrosas en el país y su labor implica riesgos innumerables. El último libro que el sinaloense publicó, Narcoperiodismo, la prensa en medio del crimen y la denuncia —como su título lo indica— nos habla justamente de esto. Valdez relata cómo la vida de un periodista mexicano está siempre plagada de peligros que lo acechan, de amenazas, de hostigadores que lo quieren silenciar y callar la verdad que protege. Uno no puede confiar ni en su propia sombra. Después de todo, las cifras no mienten. El año pasado, por ejemplo, la organización independiente de Derechos Humanos Artículo 19 registró un total de 426 agresiones en contra de la prensa. Estas, basadas en ataque físico o material, intimidación, amenazas, privación de la libertad, hostigamiento o acoso y homicidio. El 2016 ha sido el año más violento hasta ahora, con 11 periodistas asesinados. En promedio, un periodista es asesinado en México cada 26 días. En mayo de este año, por ejemplo, tres periodistas han perdido la vida a consecuencia de las labores que realizaban. Entre estos, Valdez. Siete periodistas muertos o, mejor dicho, asesinados, en tan solo cinco meses. En su libro, el periodista nos cuenta las historias de sus compañeros, de los vivos y los muertos, de los que abandonaron el país por temor a su vida y la de su familia, de los desaparecidos y olvidados, y de los siguen en pie, luchando con miedo, pero sin cobardía.

 

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El prólogo que nos presenta —titulado, acertadamente, "Prólogo al vacío, al dolor, a la indignación, a la muerte— es una lectura exquisita. Aquí, nos convertimos en el periodista: el editor, el reportero, el fotógrafo. Y vivimos, siquiera por unos minutos, lo que ellos viven, desde el miedo hasta la impotencia que sienten. Las palabras de Valdez parecen esconder rabia e indignación, y justificadamente, pues él mismo vivió las muertes de sus compañeros, las mismas amenazas y el miedo que muchas veces casi lo detuvo. Valdez nos dice, sin indirectas, sus razones para escribir Narcoperiodismo: hacer escuchar las voces silenciadas de los periodistas mexicanos. Del amenazado, del soñador, del secuestrado y desaparecido, del que se ve forzado a abandonar la tierra que lo vio nacer y, claro, del asesinado, el valiente caído en batalla.

Narcoperiodismo está escrito a base de entrevistas que Valdez hizo a muchos de sus compañeros periodistas —unos cuantos, sus amigos cercanos. A algunos los presenta por nombre, pero la gran mayoría prefiere mantenerse en el anonimato: un síntoma del miedo que los intimida y no los deja ser libres. Pero, asustados como están, amenazados y hostigados, nos comparten aun así sus luchas personales con el fin de que conozcamos y entendamos más sobre su opaca realidad, como un grito de ayuda en medio de las tinieblas. Para lograr esto, Valdez viajó por los estados de, por ejemplo, Tamaulipas, Chihuahua y Veracruz —último al que definió, en resumen, como un verdadero horror. Nos habla sobre cómo el narcotráfico ha afectado a los periodistas, las condiciones laborales a las que son sometidos, los bajos salarios, la censura que los persigue y la libertad de prensa que es más ficticia que real. Sus entrevistas nos sorprenden — de la manera menos grata— y su profunda investigación en el llamado “narcoperiodismo" nos ayuda a entender lo que implica ser un periodista en el México actual.

 Entre las historias que nos presenta tenemos las de los periodistas exiliados de México: los que se vieron forzados a buscar asilo en el extranjero al temer no sólo por su bienestar sino por el de su familia. Reporteros que, secuestrados, en cuartos oscuros mientras sus agresores se deleitan de golpearlos, torturarlos y amenazarlos, no encuentran otra salida más que abandonar los sueños de justicia y verdad que los motivaban. Se ven forzados a dejar atrás su cámara, su micrófono, sus ansias de escribir para cambiarlos por una realidad falsa —convirtiéndose en un ánima en pena que deambula sin destino alguno en busca de lo que alguna vez le daba propósito a su vida. Valdez está ahí para recordarnos su dolor, y para que sus historias y sacrificios no se sean olvidados.

Por otro lado, el autor no quiere simplemente hablar sobre las muertes o detalles morbosos de los que la nota roja se alimenta, sino compartir con nosotros sus historias de vida, sus labores y, más que nada, sus sufrimientos. Como dijo Valdez en alguna ocasión: no quiere contar muertos, quiere contar sus historias. Porque para él no son sólo cifras, son seres humanos: vivieron, soñaron y sufrieron como cualquiera de nosotros. Sus asesinatos no deben ser enterrados tras una pila de periódicos viejos, deben ser recordados y sus asesinos castigados. Después de todo, los asesinatos que este condena siguen ocurriendo, mes con mes, día con día, sin ponerle un fin a esta violencia que nos asfixia lentamente.

Uno de los aspectos más interesantes de Narcoperiodismo es, sin embargo, cómo el autor no se limita únicamente a hablar de los males externos y se da a la tarea de relatar las historias de los periodistas que se han vuelto cómplices de su autocensura; muchas veces, dice Valdez, lo hacen por miedo o necesidad, pero muchas otras por mera codicia. Es importante entender y reflexionar sobre el periodismo desde todos los ángulos, interna y externamente por igual, para así poder entender la situación. Valdez no juzga a las personas cuyas historias cuenta, pero sí cree que es necesario saber lo que está pasando, comprender cómo se lleva a cabo el periodismo hoy en día y qué implica esta profesión.

Así, muchos han sido los reporteros que, acechados por el miedo, los bajos sueldos y el constante hostigamiento han decidido trabajar para las mismas personas culpables de su angustia. Otros, motivados por la avaricia y promesa de una vida mejor se han dejado llevar por las garras de sus agresores. En relación a esta cadena de poder que se oculta detrás de corrupción, Valdez discute también "el poder político que secuestra y persigue, para matar, torturar, amenazar, a quienes trabajan en los medios de comunicación, como en Veracruz, donde los fotógrafos, reporteros y editores son vigilados en sus casas por enviados del gobierno y amenazados, amarrados de la cabeza a los genitales por el terror a psicológico y obligados a dejar el pueblo, la casa, la entraña. Son perseguidos y asesinados por no complacer las preferencias de gobernantes y sus allegados." Tal como nos dice, en la actualidad es un riesgo publicar notas que relaten la verdad pues, ir en contra del poder es, de alguna manera, ir en contra uno mismo, de la libertad y la seguridad. Jóvenes inocentes que son perseguidos y acosados por hombres vestidos de negro, con una pistola escondida bajo la playera y una mirada amenazadora; estas son las historias que nos cuenta el periodista. Lo más agravante del asunto es el hecho de que asesinatos como el de Rubén Espinosa —torturado y asesinado en el 2015— siguen sucediendo año tras año, rodeados por un aura invencible de impunidad y corrupción. Vale tan sólo leer los periódicos y ver las noticias para darnos cuenta de esto. "La muerte sigue", nos dice Valdez, "entonces este libro no podrá cerrarse ni tendrá fin: puntos suspensivos sin punto final. No hay manera de contar tanto dolor”

El periodista conmemorado en el 2011 con el Premio Internacional a la Libertad de Prensa en la ciudad de Nueva York, dedica la nota final a Zamira Bautista Luna —asesinada en 2016— y a Elidio Ramos Zárate —asesinado en Juchitán, Oaxaca, un día antes que su compañera—. Desde entonces, y durante este año, han sido asesinados, a plena luz del día, Cecilio Pineda (en Guerrero), Ricardo Monlui Cabrera (en Veracruz), Miroslava Breach (en Chihuahua), Maximino Rodríguez Palacios (en La Paz), Filiberto Álvarez (en Morelos), Jonathan Rodríguez (en Jalisco), y el mismo Javier Valdez Cárdenas (en Culiacán). Debido a los recientes sucesos es importante, ahora más que nunca, que las voces del periodismo se hagan escuchar, que la verdad se dé a conocer y que la justicia se imparta como debe ser. Los periodistas no sólo protegen la libertad de expresión, sino que cumplen con un importante rol en la sociedad: informan sobre los sucesos que acechan el país, cuentan las historias de la gente y se enfrentan, cara a cara, con la bestia. Valdez, en su obra, realiza una investigación necesaria y digna, una serie de entrevistas que no sólo sirven para ser leídas sino también reflexionadas. Javier Valdez Cárdenas (1967-2017) deja un legado que no debe ser olvidado, sino recordado a través de los años; apegándose a los principios básicos que forman a un periodista, nos deja Narcoperiodismo como uno de sus últimos actos de valentía en contra de la corrupción, la violencia y la impunidad.

 

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Javier Valdez Cárdenas, Narcoperiodismo, la prensa en medio del crimen y la denuncia, Aguilar, México, 2016, 268 pp.


   
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Eva Chaire

Es estudiante de la Licenciatura en Letras Modernas de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.


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