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NUEVA ÉPOCA NÚM. 162 AGOSTO 2017 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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La aventura de Proa
Punto de convergencia


Anthony Stanton
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 162| Agosto 2017| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Stanton, Anthony , "La aventura de Proa
Punto de convergencia
" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Agosto 2017, No. 162 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=833&art=18120&sec=Art%C3%ADculos > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Proa llevaba el vanguardismo en el nombre, pues fue la proa de un barco formado por revistas clásicas como Sur, Ulises y Contemporáneos. Anthony Stanton nos presenta el contexto y algunas de las aportaciones más sobresalientes de esta mítica revista capitaneada por Jorge Luis Borges.   

 

La década de 1920 es la gran época de las pequeñas revistas militantes de los grupos de renovación: Proa y Martín Fierro en Argentina, Amauta en el Perú, la Revista de Avance en Cuba; y en México, las revistas estridentistas Actual, Irradiador y Horizonte, y las de los Contemporáneos, Ulises y la homónima Contemporáneos. Pero esta efervescencia no duró mucho. Durante décadas las manifestaciones del arte nuevo quedaron en el olvido. Sólo a partir de 1970 empieza en serio el rescate y el estudio de las vanguardias hispanoamericanas. Esto sorprende porque muchos protagonistas de esos movimientos y revistas de los años veinte se volvieron después figuras centrales: en las letras, Huidobro, Borges, Carpentier, Neruda, Vallejo; en pintura, Rivera, Siqueiros y muchos otros. ¿Cómo se explica un eclipse que dura casi medio siglo?

Muy pronto las artes cambiaron: en la década de 1930 comenzó la primacía del arte social y del compromiso político. La producción de la década anterior fue condenada como burguesa, intrascendente y escapista. Estas descalificaciones provinieron no sólo de los enemigos ideológicos sino de los mismos vanguardistas. Borges, Carpentier, Neruda, Rivera, Siqueiros, Maples Arce e incluso nuestro Mariano Azuela (el padre de la novela de la Revolución mexicana, el centro del canon nacionalista del realismo popular, el mismo que en los años veinte también fue un vanguardista radical, aliado de los Contemporáneos): todos ellos dieron la espalda a lo que habían defendido con fervor unos años antes y, en un acto de mea culpa, estos apóstatas renegaron de su propia obra.

 

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Xul Solar, Proa, colección Galería Rubbers, Buenos Aires, 1925

 

Otra crítica común era que los ingenuos vanguardistas no hacían más que imitar y copiar pasivamente movimientos y procedimientos que se habían inventado en las metrópolis de Europa y Norteamérica. ¿Cómo podía ser original un artista de la periferia, incluso uno que se trasladó al centro, que fue a París, y que escribió en la lengua de ellos, como fue el caso de Vicente Huidobro? Hoy estos prejuicios eurocéntricos son inoperantes. Es cada vez más evidente que las vanguardias latinoamericanas son movimientos originales, bien diferenciados de los europeos. Sus productos, incluso los que asimilan abiertamente estímulos de fuera, tienen un sello propio. De hecho, muchas de estas obras latinoamericanas son superiores a los modelos de allá.

Después de haber hecho durante años el trabajo de rescate y estudio del material que consta en la edición facsimilar de la segunda época de la revista argentina Proa (1924-1926), me pregunto: ¿cuáles son los hallazgos y descubrimientos que hice en las páginas de Proa? Y me contesto: las revelaciones no fueron las grandes figuras cuyas obras ya conocía: Jorge Luis Borges y Ricardo Güiraldes, por ejemplo, sino los textos de figuras menos conocidas como Alfredo Brandán Caraffa y Raúl González Tuñón. Si Borges hubiera muerto al final de la década de 1920, nadie hoy se acordaría de él. El gran autor de los cuentos de Ficciones y El Aleph o de libros como El hacedor es muy posterior. El Borges que leemos en Proa es otro escritor que se encuentra despidiéndose del ultraísmo (que él mismo había trasplantado a Buenos Aires a finales de 1921) para instalarse en la estética criollista y nacionalista, retórica que pronto abandonaría también.

Brandán es uno de los artífices centrales de las propuestas de la revista. Participa con poemas, prosas de creación, ensayos y notas críticas. Brilla en el arte del retrato verbal, como en sus memorables siluetas de Ramón Gómez de la Serna, Rafael Cansinos Assens y José Ortega y Gasset. Gracias a su pluma, los dilemas y puntos oscuros de los debates de la época reciben una articulación clara. En una reseña sostiene que las nuevas escuelas de arte se preocupaban hasta 1922 por combatir, pero ahora (octubre de 1924) hay una vuelta al clasicismo. Su juicio sobre el momento histórico marca la conciencia del amanecer de una nueva época: “Ya pasó la guerra. Hemos tirado el uniforme y no nos debemos a ninguna disciplina. Volvemos a ser personalidades y no instituciones”.

Esta aguda conciencia histórica le permite escribir con inteligencia, sensibilidad y soltura sobre temas de estética y filosofía. En sus poemas, Brandán es dueño de una voz plenamente individualizada con acento inconfundible. Su poema más vanguardista, “Express”, privilegia la velocidad y los nuevos medios de transporte, tópicos comunes de las vanguardias, pero en lugar de la modernolatría típica de cierto futurismo ingenuo, hay aquí una complejidad casi hermética. El verso más elocuente es un alejandrino que yuxtapone una imagen vanguardista con un complemento inquietante que entraña inseguridad y vacío: “audacias luminosas que difunden abismo”. El juego engendra el abismo. ¡Vaya epitafio para cierta vanguardia lúdica! 


   
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Anthony Stanton

Es profesor e investigador inglés, nacido en 1954 y naturalizado mexicano. Es doctor en Literatura Hispanoamericana por la Universidad de Sheffield y profesor-investigador en El Colegio de México. Sus líneas...


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