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NUEVA ÉPOCA NÚM. 104 OCTUBRE 2012 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Hugo Gutiérrez Vega
La devoción por López Velarde


Gonzalo Celorio
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 104| Octubre 2012| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Celorio, Gonzalo , "Hugo Gutiérrez Vega. La devoción por López Velarde" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Octubre 2012, No. 104 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=9&art=93&sec=Art%C3%ADculos > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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El pasado 11 de septiembre en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, Hugo Gutiérrez Vega pronunció su discurso de ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua, titulado "La poesía y la novedad de la patria". En su respuesta a éste, Gonzalo Celorio destaca la devoción de Gutiérrez Vega por el poeta jerezano Ramón López Velarde.

Jurista, literato y comunicólogo por formación, comediante por vocación y difusor de la cultura por oficio. Maestro universitario en México y en media docena de países de América y Europa, rector de Universidad y defensor, en su momento, de su amenazada autonomía. Periodista y director de suplementos culturales y revistas literarias. Consejero de cultura en las misiones diplomáticas de México en Estados Unidos, España, Italia, Brasil y Puerto Rico; embajador ante Grecia y los países concurrentes de Líbano, Chipre y Moldova; conocedor del griego moderno y de sus poetas. Conversador sabroso e incansable, memorista de picantes versos populares que resuenan en las pastorelas navideñas y amante de boleros, guarachas y rancheras. Narrador oral de supercherías, fabulaciones y sucesos de la provincia de Lagos de Moreno por la que transcurrió su infancia, deslumbrada ya por la poesía de Francisco González León. Poseedor de un inmenso patrimonio poético que brota de su lengua con generosidad y transparencia de manantial. Y, ante todo, sobre todo, gracias a todo y a pesar de todo, poeta. Poeta fecundo y peregrino, poeta del amor y la memoria, del viaje y de la vida sedentaria, de la amistad y la conversación, de la erudición libresca y del “desmadre, el cotorreo y la chacota”, como dice Marco Antonio Campos; poeta de la devoción a la poesía misma y a los poetas afines que incidieron en la articulación de su propia voz —Yeats, Vallejo, Seferis, Cavafis, Alberti, López Velarde—. Todo eso es, por serlo o por haberlo sido, Hugo Gutiérrez Vega.

CCC
Hugo Gutiérrez Vega
©Javier Narváez

En el año de 1965, Rafael Alberti le dedica un poema a Hugo Gutiérrez Vega, a la sazón consejero cultural de la embajada de México en Italia. El poeta gaditano, que habiendo sido marinero en tierra se encuentra desterrado en Roma, se asombra de que en los tiempos difíciles que corren, un poeta treintañero sea capaz de persistir en la construcción del amor con palabras que se lleva el viento cuando al mismo tiempo se conduele hasta el grito de la miseria, la impotencia, la desesperanza humanas que el ojo omnipresente de Dios contempla con indiferencia, como lo plasmó el coraje de Picasso en el Guernica. Dice Alberti:

Raro es en estos días,
en estos tiempos ásperos, de hombros
que se encogen impunes ante la injusta muerte
cuando parecería
que el turbión de la sangre y los escombros
segase al hombre todos los sentidos,
raro es ver que el poeta en la alta noche
puede oír el temblor de un corazón desnudo,
construir el amor a la distancia,
decir esas palabras que se lleva el viento…
a la vez que escuchar el gemido del toro,
la espantada agonía del caballo tundido,
el grito de la madre
con la boca sin vida del niño entre los senos
o el gran ojo de Dios,
gloriándose, impasible, de sí mismo,
en tanto que hacia él asciende de la tierra
el descompuesto vaho de una nada ya inerte.
Que el buen amor, amigo, y la esperanza
nunca jamás te dejen de su mano.

Estos versos seguramente fueron la respuesta a los dos poemas que Hugo Gutiérrez Vega, a semejanza del joven porta Franz Kappuz que acudió a Rilke en busca de orientación vocacional, ha de haber sometido al escrutinio de Alberti: Uno, “El viento y las palabras”, en el que se lee:

Sobre los labios la palabra crece
y encuentra su ascensión.
Nada podrá callarnos.
El siglo,
cárcel gris, inútil agua,
escuchará la voz: 
monótona caída
en el silencio
preñado de poesía.

Otro, titulado precisamente “El mural de Guernica”, que termina con estos versos:

Sólo queda gritar,
gritar hasta que el viento
nos muestre una salida.

La respuesta de Alberti equivale a las Diez cartas a un joven poeta que Rilke le dedicó a Kappuz, pero tuvo mejores frutos, porque si algo queda claro después de escuchar su discurso, es que a Hugo Gutiérrez Vega no lo han dejado de su mano ni el buen amor ni la esperanza, con los que Alberti lo bendijo en sus parabienes.

Desde sus Poemas del amor joven hasta sus Quejas prejubilatorias, su poesía  no ha cesado de cantar el buen amor, aquel que en los albores de nuestra poesía loó con agudeza e ingenio el arcipreste de Hita, quien ruega a Dios que le dé la gracia de escribir un libro “que los cuerpos alegre é á las almas preste”. Y no ha perdido la esperanza de que se sacien los anhelos de paz, de serenidad, de solicitud que abrigó López Velarde en su ensayo Novedad de la patria.

He dicho que Hugo Gutiérrez Vega es, ante todo, un poeta. Pero es un poeta que no sólo escribe poesía, sino que reflexiona sobre la poesía: su condición, su naturaleza, su finalidad.

Sabe de antemano que no podrá definir lo inefable ni aprehender lo inaprensible, pero encuentra afinidades sustanciales en las voces de numerosos poetas –de Rubén Darío a José Gorostiza, de T. S. Eliot a Derek Walcott, de Eugenio Montale a José Lezama Lima-  que han tenido resonancia en la configuración de su propia poética. Entre todas ellas, la más sonora a pesar de su tono menor, la más potente a pesar de su sigilo, la más vigorosa a pesar de su introspección, es la voz de Ramón López Velarde, el padre soltero de la nueva poesía mexicana, como Hugo lo nombra en un poema en el que le habla de usted y le llama “Mi señor Don Ramón”. A esta afinidad dedicaré mis comentarios al discurso que hemos escuchado.


   
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Gonzalo Celorio

Nació en la Ciudad de México el 25 de marzo de 1948. Cronista, ensayista y narrador. Estudió el Doctorado en Lengua y Literaturas Hispánicas, especializado en literatura hispanoamericana, en la FFyL de la...


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