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Manuel Gamio
El amor de un mexicano

Ángeles González Gamio

 

Para trazar los numerosos perfiles de Manuel Gamio se requiere incursionar en los terrenos de la investigación arqueológica y antropológica, así como en las labores sociales que el eminente mexicano desarrolló en las poblaciones donde realizaba sus excavaciones y pesquisas. La aportación de Gamio a la cultura y la sociedad mexicana es, pues, rica y diversa y, además, sigue vigente.

 

Manuel Gamio es considerado el padre de la antropología en México por haber iniciado, a principios del siglo XX, los estudios antropológicos con un enfoque integral y profundamente nacionalista. Este sentimiento lo llevó a otros campos de las ciencias sociales, y se expresó en un afán inagotable por mejorar la vida de los grupos indígenas, no sólo de nuestro país sino de todo el continente.

Fue pionero en muchos campos; en plena juventud, al gestarse el movimiento revolucionario, fue uno de los ideólogos del nacionalismo que se gestó con pasión en ese periodo. Sus ideas las plasmó en Forjando patria (pro nacionalismo), libro que tuvo fuerte impacto entre los intelectuales y artistas de la época. Su influencia se vio reflejada en todos los aspectos de la vida cultural: en las artes plásticas que tuvieron su máxima expresión en el muralismo, en la música, con las composiciones de Silvestre Revueltas, Moncayo y Blas Galindo y en la literatura.

Paralelo a este ideal se desarrollaba su interés por la arqueología, que se le despertó al igual que su preocupación por la situación de los indígenas, la época en que vivió en su juventud en un rancho hulero en la selva veracruzana. Ahí aprendió a hablar náhuatl, hizo amistad con los pobladores autóctonos y descubrió sus primeros vestigios arqueológicos.

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Manuel Gamio
© Archivo UNAM

Al regresar a la Ciudad de México ingresó al Museo Nacional, donde ilustres investigadores como don Nicolás León y don Jesús Galindo y Villa impartían cursos de arqueología, etnología y antropología; al poco tiempo fue nombrado profesor auxiliar de historia.

En 1908 llevó a cabo las primeras exploraciones que se realizaron en Chalchihuites, Zacatecas. Estas lograron que se le otorgara una beca para estudiar una maestría en la Universidad de Columbia en Nueva York. Su buen desempeño en los estudios hizo que en 1910 se le nombrara subjefe en la expedición arqueológica a Ecuador, que dirigía el afamado M. H. Saville.

A su regreso a México Gamio volvió al Museo Nacional con el puesto de profesor de arqueología y continuó con sus investigaciones. En esa época realizó en San Miguel Amantla, Azcapotzalco, excavaciones arqueológicas en que utilizó una técnica estratigráfica, pionera en ese momento en México y cuyos resultados fueron presentados como ponencia en 1913, en el XVIII Congreso Internacional de Americanistas. En 1912 entró a trabajar a la Inspección General de Monumentos Arqueológicos, de la que más adelante fue designado inspector general. Desde esa posición desarrolló un programa de supervisión en el Centro de la Ciudad de México, con el propósito de vigilar que al construirse nuevos edificios no se destruyeran vestigios arqueológicos. En 1914, al acudir a una demolición en la esquina de las calles de Seminario y Santa Teresa, descubrió relevantes vestigios que lo llevaron a concluir que se trataba del Templo Mayor de los mexicas. Hasta esa fecha se pensó que ese prodigio arquitectónico se encontraba debajo de la Catedral, como se acostumbraba cuando se levantaba el principal templo católico en una localidad prehispánica. Parece que las monumentales dimensiones del gran templo requerían de una demolición tan extensa que se habría optado por erigir la Catedral a un costado.

Ese mismo año de 1914 Gamio publicó el libro Metodología sobre investigación, exploración y conservación de monumentos arqueológicos, editado en la imprenta del Museo Nacional. De acuerdo con el arqueólogo Eduardo Matos, en él se presenta un cuadro completo de lo que debe ser una investigación arqueológica y se comienza a hacer énfasis sobre la importancia de un trabajo integral.

Esta idea alcanzó plena realización en 1917, tras la creación de la Dirección de Antropología que Gamio promovió, primera en Latinoamérica, desde cuya base emprendió una de las primeras investigaciones interdisciplinarias que se llevaron a cabo en el mundo, tomando como campo de trabajo el Valle de Teotihuacan. En ese lugar, durante dos años, se reunió a alrededor de cuarenta de los más destacados investigadores, profesionistas y artistas que se dedicaron a estudiar la zona en su respectiva especialidad. Estamos hablando de personas como el pintor Francisco Goitia, don Pablo González Casanova, el arquitecto Ignacio Marquina y el profesor Hermann Beyer. El resultado fue una obra impresionante en tres gruesos volúmenes, titulada La población del Valle de Teotihuacan. En ella se hace un análisis, diagnóstico y propuesta de soluciones. El gobierno de México recibió 120 críticas de las instituciones internacionales de cultura más importantes y de muchos gobiernos, principalmente europeos, en las que unánimemente felicitan a nuestro país por ese notable trabajo, modelo para todo el mundo.

Estos comentarios se publicaron en un libro que editó la Secretaría de Agricultura y Fomento. Asimismo le fue otorgado el Gran Premio de la Exposición Internacional del Centenario celebrada en Río de Janeiro y el de la Iberoamericana de Sevilla. La síntesis y las conclusiones de la obra fueron la tesis de doctorado de Gamio, en la Universidad de Columbia. En opinión de Eduardo Matos, estudioso de su obra, “su profundo sentido de nacionalismo, patente en su labor arqueológica e indigenista, lo llevó a plantear una serie de enfoques que son resultado de una investigación auténtica, como lo demuestra su magna obra integral sobre la población del Valle de Teotihuacan, aun hoy no superada”.

Para Gamio fue siempre preocupación central que la investigación científica tuviera como objeto primordial buscar la mejoría de la población objeto del estudio. Con esa visión, en el Valle de Teotihuacan Gamio llevó a cabo una serie de acciones que impactaron directamente en el bienestar de la región, entre otras, al descubrir muchos objetos de obsidiana, encargó a los ingenieros que localizaran en los alrededores minas de ese material que con seguridad habría, dada la abundancia de su utilización. En efecto, estas fueron encontradas, lo que lo llevó a contratar maestros para que enseñaran a los pobladores a reproducir las piezas teotihuacanas que aparecían en las excavaciones y promovió su venta en la Ciudad de México. Con ello dio inicio a los talleres que hasta la fecha son fuente importante de ingresos económicos de la zona.

También fundó una escuela y talleres diversos, especialmente aprovechando los productos naturales de la región, como el maguey y el nopal. Una cuestión relevante fue encabezar a los indígenas en sus peticiones de tierra, realizando previamente un censo agrario para fundamentar las peticiones y logró que se les devolviera el agua que se les había usurpado. Por supuesto, esto le causó problemas con los hacendados. Construyó presas “económicas” y desazolvó los ríos. En el campo social llevó la vacunación contra la viruela y asistencia médica, consiguió que se dieran desayunos en las escuelas, logró que se estableciera el salario mínimo y la jornada de ocho horas, entre muchas otras acciones que mejoraron de manera efectiva la vida de la población.

Asimismo realizó cine documental, actividad en la que fue pionero. Este trabajo llevó al investigador Aurelio de Los Reyes a realizar un estudio, que se plasmó en el libro Manuel Gamio y el cine, que editó la UNAM en 1991.

Durante su estancia al frente de la Dirección de Antropología (1917-1924), Gamio realizó otras excavaciones además del trabajo integral ya mencionado. Este era el primero de una serie que cubriría todo el país, ya que para Gamio la antropología era la base del buen gobierno. Dirigió exploraciones arqueológicas en la zona del Pedregal de San Ángel, donde encontró vestigios culturales anteriores a Teotihuacan, que permitieron conocer las características de los primeros grupos asentados en aldeas, lo que hoy se conoce como horizonte preclásico. También fundó la revista Ethnos, primera sobre antropología e indigenismo en América. Durante ese lapso fue invitado a ingresar a diversas asociaciones científicas en todo el orbe.

En 1924 el general Plutarco Elías Calles asumió la presidencia de la República e invitó a Gamio a ser subsecretario de Educación; renuente a aceptar, ante la insistencia presidencial y la promesa de que podría seguir con sus investigaciones integrales, lo llevaron a asumir el puesto. A los pocos meses de desempeñar el cargo descubrió una serie de corruptelas y las informó al presidente; frente a su indiferencia, Gamio las denunció públicamente, lo que motivó que Calles, indignado, lo cesara, a lo que el arqueólogo respondió en los periódicos manifestando su satisfacción por salir de un gobierno corrupto y “contribuir a la rectificación de valores morales en la senda de la administración pública que me tocó cruzar y la dignificación de mis compañeros que viven como yo vivía, fatalmente sujetos por la tradición, al grillete del servilismo oficial”. El siguiente paso fue el exilio, pues ese tipo de indisciplina se pagaba con la vida. Se trasladó a Estados Unidos, en donde de inmediato la American Archaeological Society of Washington le encargó una investigación arqueológica-etnográfica en Guatemala.

Al concluirla, le propuso a la Universidad de Chicago realizar una investigación sobre el problema de la migración mexicana a Estados Unidos, conocido entonces como “bracerismo”. Ese fue el primer estudio que se llevó a cabo sobre el tema y en opinión del doctor Jorge Bustamante, director de El Colegio de la Frontera Norte: “Gamio descubre que esto es resultado de un proceso de reclutamiento que se inicia en Estados Unidos, que no se trata de un fenómeno que ocurre simplemente por condición del subdesarrollo mexicano, sino que obedecía a una función donde había un beneficio económico para ese país y él lo demuestra de una manera irrefutable, que no ha sido hasta la fecha superada desde el punto de vista científico”.

El fruto de las investigaciones y entrevistas que realizó se publicó en dos libros que editó la Universidad de Chicago en 1930 y 1931. Estas obras se editaron en 2002 traducidas al español en tres volúmenes, e incluyen numerosos ensayos de especialistas, que han estudiado distintos aspectos de la labor de Gamio. Participaron el Instituto Nacional de Migración y las universidades norteamericanas de California en Riverside y Santa Barbara. Uno de los ensayos aborda el caso, poco conocido, del papel fundamental que tuvo Gamio en un programa de repatriación de mexicanos al norte del país, en la década de los treinta.

En 1940 Gamio fundó con Moisés Sáenz el Instituto Indigenista Interamericano, que dirigió hasta su fallecimiento en 1960 y del cual surgieron los institutos indigenistas del continente, dedicándose por completo a la mejoría de la vida de los grupos indígenas.

Aquí hemos mencionado varios, que no son todos, de los campos en los que Manuel Gamio fue pionero, pero lo más importante es destacar el profundo amor que tuvo a México, el motor de todas sus acciones.