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Vida universitaria, de 1940 a 1949 Parte I

 

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La Revista de la Universidad de México interrumpió su publicación durante los años de la Segunda Guerra Mundial. Resurgió en octubre de 1946, bajo un formato periodístico: había dejado de llamarse Manual de Cultural Popular y ostentaba el título de Universidad de México, Órgano de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Lapublicación había nacido en un México post-revolucionario, en donde aún se analizaban las repercusiones sociales del movimiento. En la década de los 30’ estaban a la orden del día los temas relacionados con el agrarismo y la Constitución. ¿Qué hacer con ese país que se estaba reconstruyendo? El indígena tenía un rostro, ¿cómo incluirlo en la sociedad? Mestizaje e identidad eran reflexiones recurrentes. En el México de Lázaro Cárdenas, una nación esencialmente analfabeta, la educación era una preocupación fundamental y la pujante clase obrera también merecía un lugar. En ello insistían muralistas como Diego Rivera, el Dr. Atl y David Alfaro Siqueiros. 

Como órgano de difusión de cultura popular la publicación era gratuita, a cargo del Departamento de acción social de la Universidad Nacional; no era sectaria ni se apegaba a ninguna doctrina en particular. Al ser libre e independiente, la Revista se permitió, desde un principio, hablar lo mismo de fascismo que de comunismo, de música o de artesanías, de historia o de astronomía. El término “autonomía” tuvo siempre un fuerte significado: la Universidad proclamaba su derecho a elegir sus programas educativos y a sus docentes. Se afianzaba como un espacio en movimiento constante, ajeno a las imposiciones gubernamentales, aunque las discusiones entre estudiantes y profesores, entre maestros y rector, fueran cotidianas. A partir del mes de abril de 1938 la Revista dejó de ser gratuita y se mantuvo gracias a las módicas suscripciones de sus lectores y a la venta de espacios publicitarios: llegaban los primeros anuncios a sus folios: cemento tolteca, relojes (“tan puntuales como el ferrocarril”), imprentas, funerarias, casas de materiales médicos…

 

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Al arrancar de nuevo en 1946, además de ser la publicación “oficial” de la Universidad, donde se divulgaban los discursos de los rectores, se conmemoraba la labor de un profesor o se anunciaban conferencias, la Revista abrió sus puertas a escritores e investigadores. En sus páginas destacaron los ensayos, la filosofía, las reseñas y la poesía. Estaban presentes, en cada número, los artistas de la época: esculturas, grabados, óleos, dibujos, maquetas de proyectos arquitectónicos, la mayoría influenciados por el art déco; a imagen de una ciudad de México que se quería moderna, funcional, de líneas depuradas, como el edificio de la Lotería Nacional o del Monumento a la Revolución. Estaban presentes tanto los escritores extranjeros que veían a México desde sus países, como los mexicanos que disertaban sobre literatura checa o japonesa.

En esta selección, cuyas ligas presentamos más abajo, continuamos ofreciendo un panorama de la vida de la universidad en la década de los 40’. En una charla radiofónica, Agustín Yáñez, director del Departamento de Humanidades, fue entrevistado por el profesor Manuel Bernal unas semanas antes de la publicación de su novela “Al filo del agua”. A este escritor, que supo tan bien conjugar su labor con la de la enseñanza, Bernal le preguntó cuál era su concepto de universidad y Yáñez lo definió en una sola frase: “la Universidad es la Patria”. La institución debía ser capaz de identificarse con los problemas de la nación, rescatar y promover la cultura, toda, de manera incluyente (a través de la creación de una biblioteca en lenguas indígenas, por ejemplo). Por su parte, Salvador Pineda insistía en la importancia de la universalidad de la casa de estudios para que esta pudiera conservar intacto su impulso de ascensión a los planos superiores del conocimiento. Para volverse accesible, la Universidad debía despojarse de un tono docto y vanidoso, de abstracciones necias y fraseologías inútiles, “más que tema del intelecto debe ser motivo sentimental”. No se trataba de un conjunto de edificios, era también una comunidad cuyo denominador común debía ser el ansia del saber.

Al iniciar el año escolar de 1947 el rector Salvador Zubirán impuso como requisitos a los alumnos de nuevo ingreso pasar un examen médico, un examen de selección con un costo de 25 centavos y presentar una boleta de calificaciones con un promedio superior a 8. En “Presencia de Justo Sierra” Salvador Pineda contó cómo uno de los más importantes promotores de la universidad llegó a barrer las viejas reliquias y las borlas doctorales del vetusto edificio de la Real y Pontificia Universidad de México. Justo Sierra buscaba darle un nuevo insuflo a la institución, advirtió que no podía existir una aristocracia del espíritu, una casta de la cultura, una Torre de Marfil por encima del pueblo. La institución debía ser la casa de hombres responsables, apegados a la democracia y a la libertad, y promover una mexicanización del saber.

Ofrecer a la universidad un terreno amplio, cómodo, moderno, donde lo mismo se podía charlar, pensar que estudiar fue el proyecto principal de 1946. El presidente Ávila Camacho, el rector Salvador Zubirán y el Secretario de Educación, Jaime Torres Bodet, se reunieron en noviembre para firmar el acta de entrega de las 733 hectáreas donde se construiría la Ciudad Universitaria, en terrenos expropiados a los ejidatarios de Tlalpan, Copilco, San Jerónimo Aculco y Padierna. Una vez adquirido el terreno se llevó a cabo una intensa campaña de recaudación de fondos: “La campaña de los 10 millones”. La colecta se extendió a lo largo de varios meses y la Revista publicaba regularmente una viñeta para informar de qué compañía, de qué Estado o de qué personas provenían los fondos destinados a la construcción. En diciembre de 1946, el nuevo presidente de la nación, Miguel Alemán Valdez, ex alumno de la Universidad, hizo pública su intención de ayudar a fraguar el gran proyecto de la Ciudad Universitaria y destinó ocho millones de pesos al impulso de la educación superior y a la investigación científica.